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UN PROPÓSITO DIVINO PARA EL TRABAJO

Escrito por el 04/23/2020

Efesios 4:28, “El que roba, no robe más, sino más bien que trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, a fin de que tenga qué compartir con el que tiene necesidad.”

La epístola a los efesios fue escrita por el apóstol Pablo, y en los primeros tres capítulos parece dar a sus destinatarios verdades muy importantes sobre la obra de Dios al escoger desde antes de la fundación del mundo y por el puro afecto de su voluntad aquellos que serían objeto de los múltiples beneficios espirituales que proporciona la muerte de Cristo.

Uno de los versos claves para entender esta carta en el verso cuatro del capítulo uno, allí dice:

“4 según nos escogió en Él antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de Él”

Es decir que por este verso podemos entender el propósito por el cual Dios el Padre escogió en Cristo y desde antes de la fundación del mundo aquellos que sería herederos de la salvación.

Entones ¿Cuál es el propósito de la elección soberana y amorosa de Dios?

El texto dice: “…para que fuéramos santos y sin manchas delante de él.”

¿De qué nos habla esto?

Nos habla de dos cosas:

En primer lugar, nos habla de la dicha de disfrutar de los efectos que proporciona la salvación en Cristo. Porque una vez hemos abrazado y reconocido a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador los efectos de su obra nos proporciona del lavamiento de nuestros pecados, y ser limpiados de nuestros pecados significa habérsenos otorgado la condición de santos y sin mancha delante del Dios tres veces santo. Es decir, el primer propósito de la elección en este contexto es la cancelación de nuestros pecados lo cual nos deja en un estado de limpieza espiritual que nos permite tener una comunión continua con Dios-Padre.

En segundo lugar, nos habla de la vida practica que debe caracterizar aquellos que Dios ha elegido y que en su tiempo ha manifestado su salvación.

Es decir, nuestra vida después de la conversión debe caracterizarse por un continua apartarse del pecado y la búsqueda de andar en comunión con Dios a través de una vida que hace uso de los recursos de gracia que Dios ha puesto a nuestra disposición, entre ellos el recurso de la confesión y el apartarnos de nuestros pecados.

De manera que así se cumple el propósito de la elección en los creyentes, para que fuéramos santos y sin manchas delante de Cristo.

Y una de las maneras para ser santo y sin mancha es abandonando el robo para remplazarlo por el trabajo.

Por eso el verso principal de este estudio es que el que robaba no robe más.

¿Qué quiere decir esto hermanos?

Pues lo que quiere decir es sencillo que si usted de alguna manera en su vida antes de Cristo se apropiaba de lo que no era suyo debes abandonar este pecado totalmente.

En este sentido la vida espiritual no es un proceso sino un cambio radical, pues no se nos dice que el que robaba debe dejar de hacerlo paulatinamente, ¡NO!, ¡NO!, ¡NO!

El que robaba y ahora ha sido salvado e introducido en el reino de los cielos debe abandonar este pecado inmediatamente, y no solo este sino todos los pecados que antes estaba cometiendo.

Imagínese una persona que es atrapado robando y que luego pide un chance por ser cristiano, ¿Saben el mal testimonio que es ese? ¿saben cuántas cosas se dirán del cristianismo en ese momento?

Imagínense las personas sin Cristo cuando le pregunten: ¿y porque siendo cristiano robaste?

Él le responda: “Es que la vida cristiana es un proceso y yo dejare de robar paulatinamente” esto es horrible e injustificable porque la palabra de Dios no enseña eso, aquí literalmente se nos hace un llamado a dejar de robar definitivamente.

Una vez más el pasaje dice: “El que roba, no robe más…”

Pero entonces ¿Qué hago para traer comida a la casa? pregunta el ladrón recién convertido.

Y el mismo pasaje le contesta: “el que roba, no robe más, sino que trabaje…”

Es decir, hermanos, que el trabajo es aquello que debe contraponerse al robo, y es por lo que debemos remplazar la acción del robo, en el caso que nos hayamos involucrado en el de cualquier forma.

Y aquí llegamos al punto principal de nuestro presente estudio:

¿Cuál es el propósito del trabajo?

Según el mismo verso el propósito del trabajo es para que tengamos que compartir con el que padece necesidad.

La mayoría de los creyentes estamos cristianamente familiarizados con la idea de que nuestros trabajos son para sustentar a nuestras familias y eso está bien solo si no olvidamos que ese no es el único propósito divino del trabajo, pues si pensamos así estaríamos obviando este mandamiento tan claro que encontramos en Efesios 4:28

Así que en vista de esto debemos reconocer que el trabajo también tiene el propósito de compartir con los que padecen necesidad.

¿Alguna vez lo has visto, así como este texto lo presenta o tal vez solo pensaste en ayudar a los necesitados por pura misericordia y compasión?

Hermanos, el contexto de este versículo no nos llama a compartir con el necesitado cuando tengamos ganas o cuando no sobre después de haber priorizado en nuestros diezmos, ofrendas y sustenta de nuestra familia.

Desde el versículo 17, hasta el versículo 24 es un llamado que manifiesta que somos diferentes a las personas de este mundo que andan en la vanidad de su mente, siendo insensibles y viviendo con un corazón duro y cegado a la voluntad de Dios.

Aquí se nos muestra que si en verdad hemos nacido de nuevo el hecho de compartir con el que padece necesidad debe formar parte continua de la nueva vida en Cristo.

Es decir, a la par de diezmar y sostener a nuestras familias también tenemos que apartar de lo que Dios nos ha dado con el propósito de compartir con los necesitados de nuestra cercanía.

¿Alguna vez lo habías visto de este mundo? Te pregunto ¿Practicas de manera continua el hecho de apartar cada vez que recibes tu sueldo un porciento para ayudar a los que tienen necesidades a tu alrededor?

Si no lo has estado haciendo así, por este texto te digo que has estado desobedeciendo un mandato bíblico que manifiesta el egoísmo, la ambición y maldad que satanás desea que caracterice a todas las personas de este mundo.

Escuche como dice Efesios 4:21-24,

“21 si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús. 22 en cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, 23 y renovaos en el espíritu de vuestra mente, 24 y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.

En este contexto debemos despojarnos del robo y vestirnos con una vida de trabajo cuyo propósito es compartir con el que padece necesidad.

¿Por qué hablar de este tema en estos momentos?

Porque es de muchísima pertinencia hoy.

Pues mucha gente hoy está necesitando de la mano de aquellos que se llaman la iglesia del Señor, aquellos que se llaman los hijos de Dios.

Y si hoy muchos lo vemos como una opción y no como un deber, privilegio, y manera de invertir nuestros recursos en la extensión del reino de los cielos, estaremos preocupados por como acomodarnos a nosotros mismos y a nuestras familias olvidándonos de los necesitados a nuestro alrededor.

Hermanos los necesitados a nuestro alrededor deben ser también nuestra prioridad, nuestra obediencia a este mandamiento forma parte de la demostración de la multiforme sabiduría de Dios para saciar a los necesitados entre los creyentes y las personas de este mundo, por lo cual no hacerlo significaría opacar el brillo de la luz que estamos llamados a manifestar en este mundo entenebrecido.

Recuerda las palabras de Jesús en Mateo 5:16, “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.”

Es decir, que la luz que puede iluminar a los hombres y que tienen el poder de llevarlos a glorificar al Padre son nuestras buenas obras, ¿Y que es una buena obra aquí?

Compartir con los que padecen necesidad. Esto no nos está llamando a resolverle todas sus necesidades a los que no tienen, no, es un llamado a compartir.

¿Hermanos y quien no puede compartir?

Mi madre siempre me dijo y no solo ella sino muchos de mis vecinos: “donde come uno, también pueden comer dos”

Hermano ¿Ustedes saben el gozo que produce compartir con otros?

Este ha sido una de las desgracias más grandes que en estos momentos estamos viviendo, el virus nos ha quitado el hecho de poder compartir con las personas que amamos y hasta con los que no nos llevamos tan bien.

Amados vamos abandonar la manera egoísta y vana de los malvados y hagamos que el nombre de Dios sea glorificado por compartir con los que a nuestro alrededor tienen necesidad.

Te animo ahora mismo sacar de lo que tienes, ya sea dinero o comestibles y salgas respetando la cuarentena a compartir con los que veas en necesidad, llama a tus hermanos y pregúntale como esta y ayúdales, pregunta a tu vecino, movámonos y veremos cómo cumpliremos el deseo del Espíritu.

¡¡Bendiciones miles!!