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Todos estamos llamados a trabajar

Escrito por el 02/17/2022

El cristiano está capacitado para servir en el cuerpo de Cristo. Somos un equipo en el que cada miembro tiene diferentes habilidades y dones. Por lo tanto, en la iglesia estamos llamados a servir como una gran familia, la familia de Dios.

Lo maravilloso es que todo el trabajo es bien orquestado, es coordinado bajo la dirección de Jesucristo que es la cabeza de la iglesia.

Jesús, durante su ministerio terrenal, conformó un equipo, los enseñó con la práctica y el ejemplo diario. Este equipo se multiplicó en otros y otros y otros, hasta nuestros días. Y cuando el maestro consumó su obra en la cruz y regresó al Padre, nos dejó al Espíritu Santo para acompañarnos, entrenarnos y darnos el poder necesario para hacer la tarea.

En la Biblia, Jesús dice a sus discípulos: “Pero yo os digo la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio” (Juan 16:7-8).

Jesús no nos ha dejado solos, él nos ha dejado al Espíritu Santo. Cuando recibimos el regalo de la salvación, la tercera persona de la trinidad nos une al cuerpo de Cristo. Y, al mismo tiempo, el Espíritu Santo nos da el poder para servir como un equipo en la iglesia.

“Yo enviaré al Espíritu Santo”, esas son las palabras de Jesús. Y esa promesa se cumplió en Pentecostés, y se cumple cada vez que una persona le entrega su corazón a Dios y es sellado con el Espíritu Santo (Efesios 1:13-14).

¿Por qué era necesario que Jesús nos dejara al Espíritu Santo? La respuesta es simple, porque él sabía que la única manera de vivir la vida cristiana victoriosa es en el poder el Espíritu. No hay otra manera, no es posible en nuestras propias fuerzas. Vivir la vida cristiana con nuestros propios recursos nos lleva a la frustración y a la derrota.

Jesús le ha encomendado una tarea a la iglesia y junto con la tarea nos dejó el poder para hacerla, nos dejó al Espíritu Santo. El maestro sabía que la única manera para hacer la obra del ministerio, el trabajo en la iglesia, es con ese poder ilimitado de Dios.

Después de la resurrección, Jesús dijo a sus discípulos que no se movieran de Jerusalén hasta que fueran investidos del poder que le da la victoria al cristiano, a la iglesia.

La Biblia dice: “Pero, cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder y serán mis testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra” (Hechos 1:8). Al cumplirse esa promesa vemos el poder manifestado en la iglesia y a través de la iglesia.

Ese poder anunciado por Jesús toca la vida y el corazón de cada creyente. “Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos” (Hechos 2:1-3).

Y el efecto de ese poder se nota en el primer discurso de Pedro ante la multitud. Ese es un Pedro diferente. Es un Pedro guiado, controlado y usado por el Espíritu Santo.

El libro de Hechos de los Apóstoles nos muestra el resultado de ese poder operando en la vida de la reciente iglesia. “Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (2:46-47).

Y ahora Pentecostés sucede en cada uno de nosotros al momento de la conversión. Ese nuevo nacimiento, esa regeneración es obra del Espíritu Santo que nos adhiere al cuerpo de Cristo, la iglesia, la familia de Dios.

Somos uno en Cristo. No hay miembros aislados, somos un solo equipo en Cristo. Es maravilloso ver la multiforme gracia de Dios manifestada en la iglesia. Todos tenemos la habilidad para trabajar porque todos los que hemos creído en Cristo Jesús como Señor y Salvador tenemos al Espíritu Santo morando en nosotros (1 Corintios 6:19).

De manera que somos muchos miembros, pero pertenecemos a un solo cuerpo. La Biblia dice: “Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo” (1 Corintios 12:12).

Así que no tenemos excusa, todos estamos equipados para trabajar para Dios. Esto es para los líderes y también para todos los miembros del cuerpo de Cristo, la iglesia. Niños, ustedes son la iglesia. Jóvenes, ustedes son la iglesia. Adultos, ustedes son la iglesia. Todos juntos somos la iglesia de Cristo.

Somos importantes para Dios, él nos ama y nos quiere usar. ¿Estamos listos para ser instrumentos en las manos de Dios?

Carlos Pulgarin (5)

Carlos Pulgarin es pastor y periodista. Dejó su natal Colombia hace más de 20 años y se radicó en Canadá, país en el que ha trabajado como plantador de iglesias con la Canadian Baptist Convention. En el 2012 inició el ministerio Zona Cero Baptist Ministries, una iglesia hispana plantada en Surrey, BC (Canadá), en la que se desempeñó como pastor por 10 años.
En la actualidad, vive en Red Deer, AB (Canadá). Mientras toma un tiempo sabático, se dedica a escribir y a entablar puentes con la comunidad.

El pastor Carlos escribe desde hace 15 años en el periódico hispano Sin Fronteras News, espacio que ha sido usado por Dios para tocar la vida de muchos lectores. Carlos está casado con la doctora Ana Esther Guerrero y es padre de Jacob (25 años) y Aarón (20 años). Toda la familia está sirviendo en el ministerio.


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