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Un Reino de Verdad

Escrito por el 05/04/2022

Lectura: Lucas 11:37-54 (LBLA)

Cuando terminó de hablar, un fariseo le rogó que comiera con él; y Jesús entró y se sentó a la mesa. Cuando el fariseo vio esto, se sorprendió de que Jesús no se hubiera lavado primero antes de comer, según el ritual judío. Pero el Señor le dijo: Ahora bien, vosotros los fariseos limpiáis lo de afuera del vaso y del plato; pero por dentro estáis llenos de robo y de maldad. Necios, el que hizo lo de afuera, ¿no hizo también lo de adentro? Dad más bien lo que está dentro como obra de caridad, y entonces todo os será limpio. Mas ¡ay de vosotros, fariseos!, porque pagáis el diezmo de la menta y la ruda y toda clase de hortaliza, y sin embargo pasáis por alto la justicia y el amor de Dios; pero esto es lo que debíais haber practicado sin descuidar lo otro. ¡Ay de vosotros, fariseos!, porque amáis los primeros asientos en las sinagogas y los saludos respetuosos en las plazas. ¡Ay de vosotros!, porque sois como sepulcros que no se ven, sobre los que andan los hombres sin saberlo. Respondiendo uno de los intérpretes de la ley, le dijo: Maestro, cuando dices esto, también a nosotros nos insultas. Y Él dijo: ¡Ay también de vosotros, intérpretes de la ley!, porque cargáis a los hombres con cargas difíciles de llevar, y vosotros ni siquiera tocáis las cargas con uno de vuestros dedos. ¡Ay de vosotros!, porque edificáis los sepulcros de los profetas, y fueron vuestros padres quienes los mataron. De modo que sois testigos, y aprobáis las acciones de vuestros padres; porque ellos los mataron y vosotros edificáis sus sepulcros. Por eso la sabiduría de Dios también dijo: «Les enviaré profetas y apóstoles, y de ellos, matarán a algunos y perseguirán a otros, para que la sangre de todos los profetas, derramada desde la fundación del mundo, se le cargue a esta generación, desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, que pereció entre el altar y la casa de Dios; sí, os digo que le será cargada a esta generación». ¡Ay de vosotros, intérpretes de la ley!, porque habéis quitado la llave del conocimiento; vosotros mismos no entrasteis, y a los que estaban entrando se lo impedisteis. Cuando salió de allí, los escribas y los fariseos comenzaron a acosarle en gran manera, y a interrogarle minuciosamente sobre muchas cosas, tramando contra Él para atraparle en algo que dijera. www.lbla.com

En el pasaje de hoy leemos cómo un fariseo se sorprende de ver cómo Jesús se sienta a comer sin hacer el lavado ritual de manos que para ellos era tan importante.

Y esto se convierte en una oportunidad para brindar una de las características principales del Reino que Jesús ha venido a anunciar.

El Reino de Dios se ha de establecer en todo lugar, y cuando esto suceda ya no habrá más pecado, ni su fruto (la muerte, el dolor y el sufrimiento). Ahora bien, este Reino se establece primeramente en el interior de las personas. El Evangelio hace lo que ninguna otra cosa puede lograr, cambia los corazones.

Por eso es que Jesús le dice a este fariseo que lo exterior es secundario, que los ritualismos en los que han caído los fariseos reflejan que su obediencia es pura religiosidad para mostrar. Autojusticia. Suficiencia. Apariencia y sólo apariencia. Y lo que hay adentro es exactamente lo contrario de lo que se quiere mostrar. La apariencia de piedad es orgullo, búsqueda de privilegios, excusas para no amar.

Un escriba reacciona ofendido y la respuesta de Jesús es dura. Porque en este Reino no hay lugar para la doble cara, para la vacilación, para la hipocresía.

El Señor les dice, ustedes hacen monumentos a los mismos profetas que sus padres persiguieron y mataron, porque no los querían escuchar. ¿No te hace acordar eso a la gente que quiere usar frases de Jesús, e imágenes, pero reacciona con rechazo al Evangelio? ¿No podemos caer nosotros en algo parecido al inundar nuestros teléfonos y redes sociales de contenido que proclama nuestra piedad y que eso no sea un reflejo fiel de nuestra vida real?

El Reino de Dios es un Reino que transforma de raíz al hombre. Un Reino en el que no hay lugar para la falsedad. El Reino de Dios es un Reino de Verdad.

 

PARA PENSAR: ¿Somos conscientes de que muchas veces los detalles religiosos pueden desviar nuestros ojos de la cruz? ¿Nos aferramos al Evangelio como lo único que puede cambiarnos verdaderamente?

 

Sebastian Winkler (143)

Sebastián Winkler. Discípulo de Jesús, esposo de Karina y papá de Julia y Emilia. Profesor de Lengua y Literatura. Miembro de la Iglesia Evangélica Bautista de General Pinto, donde sirve como maestro de Estudios Bíblicos.

El es el autor del blog: engraciaysabiduria.com


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