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¿A qué nos aferramos?

Escrito por el 05/11/2022

Lectura: Lucas 12:13-21 (LBLA)

Uno de la multitud le dijo: Maestro, dile a mi hermano que divida la herencia conmigo. Pero Él le dijo: ¡Hombre! ¿Quién me ha puesto por juez o árbitro sobre vosotros? Y les dijo: Estad atentos y guardaos de toda forma de avaricia; porque aun cuando alguien tenga abundancia, su vida no consiste en sus bienes. También les refirió una parábola, diciendo: La tierra de cierto hombre rico había producido mucho. Y pensaba dentro de sí, diciendo: «¿Qué haré, ya que no tengo dónde almacenar mis cosechas?». Entonces dijo: «Esto haré: derribaré mis graneros y edificaré otros más grandes, y allí almacenaré todo mi grano y mis bienes. Y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes depositados para muchos años; descansa, come, bebe, diviértete». Pero Dios le dijo: «¡Necio! Esta misma noche te reclaman el alma; y ahora, ¿para quién será lo que has provisto?». Así es el que acumula tesoro para sí, y no es rico para con Dios. www.lbla.com

En este pasaje, el Señor nos recuerda una valiosa lección. ¿A qué nos aferramos? Muchas veces permitimos que las cosas pasajeras nos distraigan y quiten nuestra vista de lo importante. O para ser honestos, aquello a lo que nos aferramos muestra qué es lo importante para nosotros.

Un indicador de que Cristo es nuestro tesoro es cuán generosos podemos ser y cómo nos relacionamos con los bienes materiales.

En la situación que da inicio a las palabras de Jesús dos hermanos se han distanciado a causa de su amor a las riquezas. En el ejemplo que Jesús da, un hombre rico deberá enfrentarse esa misma noche a Su Creador. ¿Qué será de sus riquezas? ¡Mira lo que causa el amor al dinero (No en vano la Biblia enseña que es la raíz de todos los males)

Es un dicho bastante conocido ese que dice que “no nos vamos a llevar nada”, reflejando una realidad de nuestra condición humana: todos hemos de morir algún día y nada hemos de llevarnos a la vida venidera.

Y sin embargo es común ver cómo muchos se aferran a este mundo, y por más que acumulen riquezas nada parece saciarlos. La codicia, una forma de idolatría, nos engaña haciéndonos creer que somos autosuficientes, y nos aleja de Dios.

Si somos hijos de Dios, hemos llegado a entender que nuestra vida está escondida con Cristo en Dios, como dice Colosenses 3. Las riquezas materiales, este mundo y toda su vanidad son efímeras, frágiles, pero nuestra herencia es firme en Los Cielos.

 

PARA PENSAR: ¿Vivimos de manera que sea evidente que no estamos aferrados a las cosas de este mundo? ¡Seamos ricos para con Dios!

 

 

Sebastian Winkler (143)

Sebastián Winkler. Discípulo de Jesús, esposo de Karina y papá de Julia y Emilia. Profesor de Lengua y Literatura. Miembro de la Iglesia Evangélica Bautista de General Pinto, donde sirve como maestro de Estudios Bíblicos.

El es el autor del blog: engraciaysabiduria.com


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