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Cristo en el libro de Éxodo

todaymarzo 29, 2024 32

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Soy Michael Bell, volviendo a desafiarlos con el reto VLC, “Un versículo Cristológico de cada libro de la Biblia”. Estamos en éxodo y dice Éxodo 4:22-23 de la siguiente manera:

“Y dirás a Faraón: Jehová ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito. Ya te he dicho que dejes ir a mi hijo, para que me sirva, mas no has querido dejarlo ir; he aquí yo voy a matar a tu hijo, tu primogénito”.

Hay varias palabras claves para observar: dejes ir a mi hijo, que me sirva y la palabra más importante, desde mi punto de vista, la palabra primogénito, que dejes ir a mi hijo. El libro de éxodo tiene que ver con la salida del pueblo de Israel. Y en esta conversación que se lleva a cabo con la Zarza Ardiente. Jehová hablando con Moisés, Jehová comunica su plan de que, a través de diez plagas, él va a liberar a su hijo Israel. Ahora, el hecho de que aparezca la palabra primogénito me dice a mí que, de las diez plagas, la décima es de muchísima importancia para Dios.

Normalmente pensamos que un primogénito es sencillamente el mayor, el que nació primero. Y vemos que en la cultura bíblica que los derechos y la propiedad y la autoridad del padre fue traspasado al primogénito. Y cuando moría el padre o el rey o el patriarca o el jefe, entonces su primogénito heredaba todo aquello.

Cosa interesante es cuando Dios nombra derechos de primogenitura muchas veces no es el primogénito. Lo vemos en Caín y Abel, que Abel es aceptado por Dios, no siendo el mayor. Lo vemos en Abraham. Lo vemos en Sem, hijo de Noé. Lo vemos incluso con Jacob, quien después es nombrado Israel, que él no es el mayor, pero logra obtener los derechos de primogenitura. Y Dios ahora reconoce que Israel sí es el primogénito, el primogénito, a pesar de que no nació primero.

A estas alturas han pasado siglos y vemos que no es un individuo que es llamado primogénito, sino todo un pueblo. Ya son dos o tres millones de personas que conforman el pueblo de Israel y colectivamente Dios los llama mi hijo, los llama Israel, los llama primogénito. Y vemos esto en Romanos 9:4-5: “Que son israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas; de quienes son los patriarcas”, ellos recibieron ese legado, la primogenitura.

Pero, cuando leemos el Antiguo Testamento vemos que Dios no está muy complacido con su primogénito, que realmente no se porta como primogénito. Realmente no es digno de recibir esa honra. Y el colmo de todo es cuando él manda a su hijo, Israel lo rechaza.

Y Dios dice bueno, entonces quedo sin primogénito. ¿O será que nombro a otro? Y la persona nombrada como primogénito de Dios es Jesucristo, cuando lo nombra el Señor en su resurrección, Colosenses 1:18: “y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia”. Él recibirá el legado. Él recibirá la autoridad. Él recibirá el reino como príncipe, como Rey de reyes y Señor de señores.

Sin embargo, hay una diferencia bien interesante, Porque normalmente los derechos de primogenitura se trasladaban en la muerte del rey o del patriarca o del padre, sólo en ese momento. ¿Pero qué pasa cuando el Patriarca o el rey es Dios mismo que no muere? el Dios inmortal. Resulta que alguien sí muere. Muere el primogénito, el Señor Jesucristo. Porque el reino que él recibe no pertenece a este siglo, sino al siguiente.

De igual manera que Israel, el individuo traspasó su legado y su primogenitura a todo el pueblo que venía en pos de él, los dos o tres millones de israelitas. De la misma forma, el Señor Jesucristo traspasa su primogenitura a todo creyente. Dice Hebreos 12:22-23, hablando a cristianos, a los que han escogido, abrazado y confiado en el Señor Jesucristo: “Sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos”

¿A la congregación de los primogénitos? Esos primogénitos somos tú y yo, querido creyente. Es decir, que él comparte los derechos, las riquezas con todos los que le pertenecen a él. Somos coherederos con Jesús. El viene y se sienta en un trono, pero también nos da tronos a nosotros para reinar con él.

¿Ahora, si Jesús conforma parte de cada página de la palabra de Dios, no debería él formar parte de cada página de nuestra vida también?

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Escrito por Michael Bell

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