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La Misionera del Aire - NICARAGUA

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¿Cuántas veces nosotros mismos reducimos la fe cristiana a una lista de lo que agrada o desagrada a Dios? Dios es Santo, y procurar santidad es un distintivo de los hijos de Dios, pero el Evangelio es la buena noticia de que a pesar de que no queríamos ser santos, sino permanecer en nuestro pecado, […]

El Reino de Dios es un Reino que transforma de raíz al hombre. Un Reino en el que no hay lugar para la falsedad. El Reino de Dios es un Reino de Verdad.

La lámpara de nuestro cuerpo es nuestro ojo, es decir, ¿dónde está puesta tu mirada, tu corazón? Hay una advertencia seria en este pasaje. Mira que la luz que hay en tí sea realmente luz y no oscuridad.

Las señales no son el fin en sí mismas. Los milagros, las liberaciones, todas y cada una de las maravillas que han podido ver apuntan a Jesús y su identidad.

La obra de Jesús en la vida de quien le conoce produce una verdadera libertad, no es un simple cambio externo (barrer y acomodar algunas cosas). Cuando verdaderamente somos transformados por el Señor nuestro corazón cambia. Cuando la fe de alguien es superficial, volverá a ser como antes era, y aún peor.

En el pasaje anterior Jesús nos enseñaba, a nosotros sus discípulos, cómo debíamos orar. En este pasaje podemos ver el otro lado de la oración, cómo el Padre nos escucha.

Los discípulos oran porque ven a Jesús orar: el pasaje nos dice que la pregunta viene inmediatamente después de la oración de Jesús. Ellos ven a Jesús orar, todo el tiempo. Ellos se dan cuenta de que la oración es, no solo necesaria, sino absolutamente necesaria.

A veces, enfocados en el “hacer” nos olvidamos de Aquel que nos hace ser. Es un gozo y un privilegio servir a Jesús, pero recordemos siempre que Él es la vid y nosotros los pámpanos. Sin Él, nada podemos.

La respuesta de Jesús es sencilla de entender. Amamos a Dios amando a nuestro prójimo, y nuestro prójimo es cualquiera que esté en necesidad.

El Reino de Dios es para los que se animan a mirar a Jesús inocentemente, confiadamente, en dependencia y necesidad, sin malicia, como niños…