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¿ES DIOS CRUEL?

Carl Arne Horstran 07/08/2021

[PODCAST]

Hace un tiempo atrás, cierto joven, para mí desconocido, me abordó con sus comentarios en la red social de Twitter. Afirmaba que no era capaz de creer en Dios a causa de la crueldad por él demostrada, habiendo incluso llegado a contabilizar las muertes registradas en la Biblia, en las que Dios mismo estaba involucrado. Casos que, según él, se cuentan por millones de seres humanos. A priori, le confesé mi asombro ante sus afirmaciones, puesto que él mismo se había presentado como una persona completamente atea. “Un ateo”, le repliqué, “lo que hace es no creer en la existencia de ningún Dios. Y si Dios no existe ¿cómo es posible que cometa tantos asesinatos como tú afirmas?”.

En cualquier caso, la pregunta está ahí. Al leer el AT encontramos muchos casos de guerras y muertes en las cuales vemos la participación o aprobación de Dios, como bien afirmaba mi interlocutor en Twitter. De ahí que, muchas personas encuentran que el Dios presentado en el Antiguo Testamento no se corresponde con el Dios del Nuevo Testamento. Entonces ¿Es Dios cruel?

Evidentemente, por cuestión de tiempo, no alcanzo a abordar toda la explicación teológica que requiere este asunto. Sin embargo, pienso que el resumen es igualmente esclarecedor.

Lo primero a recordar es que Dios ni deseó ni creó las guerras, al contrario, la semilla que germina en guerras, se sembró en el momento de la sublevación del ser humano contra él. De ahí que, en esencia, todo lo que se refiere a conflictos entre seres humanos, los crea el propio ser humano. La Biblia explica que las guerras y los pleitos vienen a causa de nuestras pasiones (Stgo 4.1). Pero también nos enseña que el mundo entero está bajo el maligno (1Jn 5.19), o sea, el diablo, que se alimenta de alentar toda clase de conflictos, puesto que su propósito no es otro que robar, matar y destruir.

Además, para comprender este asunto, resulta imprescindible entender cuestiones básicas de la naturaleza divina, puesto que Dios no actúa, en ningún caso, de manera arbitraria o caprichosa sino en consonancia con su propia esencia, que, dicho sea de paso, es invariable; algo que sin duda inspira enorme confianza a la hora de acercarnos a él. Y, entre todo, hay dos rasgos a destacar de Dios, los cuales clarifican el aparente antagonismo entre el Antiguo y el Nuevo testamento: la justicia y el amor de Dios. Dios es justo y Dios es también amor. Su justicia no puede pasar por alto la iniquidad, la maldad… el pecado; sería contradictorio. Pero al mismo tiempo su amor le incita a perdonar. De ahí que, viendo la completa incapacidad del ser humano para renunciar al mal, el Dios justo y amoroso diseña un plan que salve esa insuficiencia nuestra para hacer el bien según sus pautas.

“No hay justo, ni aun uno” dice la Biblia. “Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno”.

La gran diferencia entre el Antiguo y el Nuevo testamento no está en Dios, sino las condiciones bajo las cuales vivimos. Durante el tiempo que comprende el Antiguo Testamento, en resumidas cuentas, se puede decir que la maldad debía ser retribuida; quienes actuaban así experimentaban las consecuencias directas de sus actos. En cambio, ahora, gracias al sacrificio que realizó Jesús, el justo que al morir pagó por todos nosotros, ya no tenemos que expiar nuestra propia culpa; él lo hizo por nosotros. Dios no es cruel. Dios es justo y es amor. No es que seamos mejores ahora. Aun si nos consideramos personas buenas, la realidad es que somos incapaces de llegar al nivel de justicia que se requiere de nosotros. Sin embargo, Dios nos ha dado a todos una opción para enmendar nuestro fracaso: creer en Jesucristo, aceptando que él murió, precisamente, para corregir mis fracasos. Te invito hoy de corazón a dar el paso y tomar esta decisión, y así conocer al Dios justo y bueno.