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SOMOS LO QUE COMEMOS

Carl Arne Horstran 06/26/2021

[PODCAST]

Uno de los grandes desafíos que afronta la sociedad occidental de nuestro tiempo son los problemas de salud derivados de la mala alimentación. Se trata de un asunto que ocasiona una enorme carga económica a los sistemas de salud en los países desarrollados, debido a las innumerables enfermedades que lastra consigo el hecho de tener sobrepeso. Diabetes, enfermedades coronarias, cáncer, hipertensión, accidentes cerebrovasculares, en fin… la lista es larga, y el sufrimiento asociado a los malos hábitos alimentarios son interminables. Pero no solo causan sufrimiento los problemas vinculados a los excesos en la alimentación sino, igualmente, los desórdenes alimentarios relacionadas con la carencia de ella, como la anorexia o la bulimia.

“Somos lo que comemos” es lo que se suele decir.

María, madre de tres hijos, sufría de obesidad mórbida con un peso que rondaba los 300 kilos. En cierto momento de su vida tuvo que ser hospitalizada, para lo cual, debido a su volumen, fue necesaria la ayuda de los bomberos de la ciudad para sacarla de su domicilio. Una vez hospitalizada, fue sometida a un tratamiento de adelgazamiento que incluía una severa dieta, en un intento por reducir su peso y así conseguir prolongar su vida. Una vez en casa, María fingía seguir estrictamente la dieta impuesta por los médicos. Sin embargo, por medio de manipular a sus hijos de corta edad, seguía manteniendo sus malas costumbres alimenticias, lo que acabaría costándole la vida unos meses más tarde. Podemos engañar a otros, pero nunca a nosotros mismos.

Ahora bien, si la buena alimentación es vital para nuestra supervivencia y bienestar, no lo es menos nuestra ingesta espiritual. En nuestra sociedad existe el errado concepto de que todas las religiones son iguales, por lo que resulta indiferente optar por una creencia u otra. En otras palabras: no importa cómo o con qué alimente mi vida interior si se trata de ideas que me suenan bien o me agradan. Pero, medita en lo siguiente: Si debemos cuidar el alimento que le proporcionamos a nuestro cuerpo y no todos, ni mucho menos, son recomendables ¿acaso no sucede lo mismo con el alimento para nuestra alma? ya se sabe que no es oro todo lo que reluce.

Jesús dijo:

“Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida”. Y también:

“El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”.

La fe cristiana no está basada en ideologías creadas en un sínodo, por un grupo de señores vestidos con ropas negras y decorados con alzacuellos. Tampoco surgió a partir de revelaciones místicas, transmitidas en privado por algún ángel, a una persona en particular. La fe cristiana se fundamenta en las palabras de Jesucristo quien, en su día, certificó esas palabras con las consiguientes obras que llevó a cabo, sanando enfermos, dando vista a los ciegos y poniendo en libertad a quienes se hallaban prisioneros por fuerzas espirituales malignas, demostrando así la fortaleza de sus palabras. Y este es el alimento que necesitas para mantener una vida espiritual sana.

Cree hoy en Jesucristo, ábrele tu corazón y alimenta tu vida con sus palabras que nutren y fortalecen tu vida espiritual. Soy Carl, hasta siempre.