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La Misionera del Aire - NICARAGUA

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EN FORMA

Carl Arne Horstran 06/05/2021

[PODCAST]

Se levantaba todos los días a las 6 de la mañana, se preparaba, salía a correr durante 1 hora, hacía ejercicio durante media hora más, se duchaba, desayunaba avena, fruta y proteínas, se subía a su bicicleta y en ella Juan Manuel, de 45 años de edad, cada día, iba y venía de su trabajo; y hoy es su funeral. Sucedió de repente, tras su entrenamiento matutino, cayó desplomado frente a la puerta del edificio donde residía. El caso es que era un hombre de negocios pudiente, por lo que tenía acceso a los mejores médicos del país, a pesar de lo cual nada se pudo hacer por salvar su vida o prevenir su muerte, aun cuando se hacía chequeos médicos con regularidad. Cuando se realizó la autopsia, se descubrió que la causa de su muerte había sido un fallo coronario congénito que nunca le había sido diagnosticado.

No me cabe la menor duda de que una vida sana, en costumbres y dieta, es altamente aconsejable. De hecho, desde hace ya años que practico deporte con regularidad y de verdad que puedo recomendarlo. Ahora bien, lo que deseo ilustrar con el caso de Juan Manuel, que realmente tuvo lugar, es que nadie tiene el control total sobre su vida; nadie.

Tendemos a vivir dando por hecho que nuestra vida se va a desarrollar con cierta normalidad, por llamarlo de alguna manera, creyendo que nacemos, crecemos, estudiamos, trabajamos, nos retiramos para disfrutar durante los últimos años de nuestra existencia y, finalmente, morimos con 70, 80 o 90 años. Y podría ser, pero acaso ¿hay algún seguro que nos pueda garantizar que así será? Lo he dicho en otras ocasiones y lo reitero: no creo que debamos vivir temiendo la fatalidad. Sin embargo, considero que tampoco debemos olvidar la temporalidad de nuestro paso por esta vida como si fuésemos inmortales; eso sería de una enorme necedad.

La Biblia dice: “Señor, hazme saber mi fin, y cuál es la medida de mis días, para que yo sepa cuán efímero soy”.

Autosuficiencia es autoengaño. Se puede vivir de esa manera, creyendo que uno tiene todo el control, pero a la larga no se sostiene porque todos sabemos que es una falsedad, algo irreal. Alberto era un hombre que trabajó duro durante toda su vida, esperando con ansias los días de su retiro, para poder comenzar a disfrutar. Al mismo tiempo se afanaba por invertir en juegos de azar, esperando sacar un premio que pudiera adelantar su retiro. Aunque ganó varios premios de menor categoría, nunca fue lo suficiente para cumplir su sueño. Cuando, finalmente, se acercaba su sesenta y cinco cumpleaños, unos meses antes, sufrió una grave infección que le causó una disfunción multiorgánica, de la cual no pudo restablecerse, y, pocos días después, fallecería.

Lo que quiero hacerte ver es nuestra inevitable necesidad de confiar ahora, y también de cara al futuro, en aquel que nos puede ayudar a afrontar la vida pase lo que pase. Personalmente, vivo confiado cada día, porque sé que Dios está de mi parte. Y no porque me considere una especie de hijo favorito suyo; en absoluto. La confianza de hoy y la esperanza de futuro en él es un regalo para todos los que creen en su Hijo Jesucristo. Entrégale hoy tu vida. Soy Carl, hasta siempre.