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El amor incomparable de Dios I Dr. Charles Stanley
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Navegando por la tensión del anhelo y la rendición Radio Stereo Resurrección
Lectura: Lucas 1:39-45
‘En esos días María se levantó y fue apresuradamente a la región montañosa, a una ciudad de Judá; y entró en casa de Zacarías y saludó a Elisabet. Cuando Elisabet oyó el saludo de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fue llena del Espíritu Santo, y exclamó a gran voz: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Por qué me ha acontecido esto a mí, que la madre de mi Señor venga a mí? Porque apenas la voz de tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de gozo en mi vientre. Y bienaventurada la que creyó que tendrá cumplimiento lo que le fue dicho de parte del Señor». ‘
En este pasaje leemos acerca del encuentro entre María y Elisabet. Nosotros ya sabemos que una acaba de recibir la visita de un ángel del Señor, mientras que la otra está embarazada (y esto ya es evidente) también por la obra de Dios. Al leer este pasaje observemos algunos detalles:
Apresuradamente: el ángel le ha dicho a María que su prima Elisabet está embarazada. Ella sabe de su edad avanzada, y que es imposible que eso sea así, y sin embargo el ángel le ha dicho que Dios está haciendo (en ella y en su prima), lo imposible. María no pierde tiempo y emprende camino apresuradamente. Quiere ver con sus ojos lo que el ángel le ha dicho. Y encontrar a Elisabet casi pronta a dar a luz la llena de gozo, y de certeza en lo que Dios ha prometido. Dios habla, y conforme a Su Palabra, obra. Siempre. Podemos confiar en eso.
Elisabet fue llena del Espíritu Santo: apenas oír la voz de María, el profeta aún por nacer saltó en el vientre de su madre, lleno del Espíritu Santo. Y por el Espíritu Santo fue que Elisabet pudo saber que el niño en el vientre de su prima era Su Señor. Reconociendo así su humilde condición y la identidad divina de Jesús. Sólo el Espíritu de Dios puede hacer que nosotros también reconozcamos a Jesús como el Salvador que nuestras almas necesitan.
Bienaventurada al creer: Elisabet llama a María “bendita” y ahora también “bienaventurada”, por haber creído a la Palabra del Señor. Somos bienaventurados, vivimos firmes y seguros, cuando descansamos en Él, y en la certeza de saber que Él es soberano.
PARA PENSAR: ¿Podemos ver cómo el Señor orquesta cada detalle de la llegada de Su Hijo? ¿Cómo Él trata con María y Elisabet? ¿No nos da esto confianza en Sus planes y Su voluntad?
Sebastián Winkler. Discípulo de Jesús, esposo de Karina y papá de Julia y Emilia. Profesor de Lengua y Literatura. Estudia la diplomatura en Biblia y Teología en el Instituo de Expositores de Argentina. Sirve en la Iglesia Bíblica Lincoln; colabora en Soldados de Jesucristo y es el autor del blog: engraciaysabiduria.com
Escrito por Sebastian Winkler
Sermones desde la Iglesia Bíblica de Villa Regina. Usados con permiso.
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