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JESÚS PARA TODOS

Carl Arne Horstran 05/27/2021

[PODCAST]

Cuando alguna vez se piensa en la palabra fe, se suele asociar, exclusivamente, al ámbito de la creencia religiosa. Pero, en realidad, fe es sinónimo de confianza. Y aunque esta palabra sí la usamos a diario, parece que cuesta asociarla a Dios, debido, precisamente, a la desconfianza que muchas veces genera la religión y todo lo que ella implica.

Ahora bien, no es mi intención hablarte de religión, sino de Jesucristo. No se puede comprender la fe en Dios sin contar con él. Y aunque está claro que sería imposible intentar resumir toda su vida en el poco tiempo que dura este espacio, permíteme, al menos, comentarte lo siguiente. A mí, personalmente, me resulta incomprensible la idea de asociar a Dios, a Jesucristo y la fe tanto con la religión como con la desconfianza, que antes he mencionado, debido a que Jesús, como nadie, demostró la total seguridad que podemos tener en Dios; y lo hizo, además, de una manera fuera de lo común. Quizá la palabra que utilizaríamos hoy en día para describir sus milagros sería ‘alucinante’.

Las religiones, cualquiera de ellas, consisten, ante todo, en el cumplimiento de ciertos mandatos y ritos, los cuales dan cierta esperanza de bienestar presente o futuro a quienes los realizan. Conocer a Dios, sin embargo, es una relación. La relación más apasionante que podamos imaginar.

Un religioso o religiosa es alguien que dedica su tiempo a cumplir ciertas obligaciones. Y aunque, indudablemente, la fe en Jesús conlleva obligaciones hacia Dios y hacia el prójimo, la diferencia está en que a la persona religiosa le cuesta creer que hace lo que a Dios le agrada, porque nunca llegaremos, ninguno de nosotros, a ser perfectos en toda nuestra manera de actuar; el creyente, en cambio, confía completamente en Dios, porque Jesucristo le da esa total confianza, cuando se entrega a él.

La fe en Dios no es para los religiosos. Jesús vino para que todos podamos confiar en él. Solo hay que recibirlo. Imagínate que un amigo tuyo viene a tu casa y toca a la puerta. ¿Qué es lo que tienes que hacer? Exactamente: Abrir la puerta. De eso se trata. Deja entrar a Jesús a tu vida.