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No vi a Dios

Carl Arne Horstran 05/04/2021

[PODCAST]

El miércoles 12 de abril de 1961, en un vuelo que duraría un total de 108 minutos, el cosmonauta ruso, Yuri Gagarin, se convertiría en el primer ser humano en viajar al espacio exterior. Ese día, a las 6:07 horas de la mañana, fue lanzada la nave conocida como Vostok 1 desde el cosmódromo de Baikonur, situado en la actual Kazajistán, para llevar a cabo la más grande de las hazañas espaciales hasta entonces realizada, la cual convertiría a este ex obrero metalúrgico de la Unión Soviética, de apenas 27 años de edad y 1m 57 cm de estatura, en uno de los grandes héroes de su nación. Aparte de mantener el contacto por radio con la base terrestre, lo único realmente “relevante” (entrecomillas) que Gagarin debía realizar durante la travesía, era probar un poco de comida, con el fin de averiguar los efectos que el estado de ingravidez produce sobre el cuerpo humano.

A lo largo de la misión, la vida del cosmonauta soviético peligró en, al menos, dos ocasiones por sendos fallos técnicos; el segundo de los cuales afectó al sistema de frenado, haciendo que Gagarin fuese despedido de la cápsula y aterrizase en paracaídas, como estaba previsto, solo que a varios cientos de km. del punto inicialmente planeado por los técnicos soviéticos. Las primeras personas en encontrar al cosmonauta fueron la esposa de un guardabosques local Anna Tajtárova y su nieta Rita de 6 años de edad. Como es comprensible, al ver a ese extraño personaje enfundado en un traje naranja y un casco blanco, el susto de ambas fue monumental, por lo que Gagarin, a fin de tranquilizarlas, dijo: “Vengo del espacio, pero no se alarmen, soy soviético”.

Tras su regreso, y según los medios oficiales del país, durante la órbita Gagarin habría hecho aquel famoso comentario: «Estoy en el espacio y aquí no veo a ningún Dios». Sin embargo, la realidad es que no hay grabación alguna que demuestre que Gagarin pronunciase esas palabras. En cambio, sí es sabido que, el por entonces secretario General del partido Comunista, Nikita Jrushchov, en cierta ocasión, ratificando de alguna manera los fundamentos ateos que representaba la Unión Soviética, afirmó: «Gagarin estuvo en el espacio, pero no vio a ningún Dios allí». Una de las frases que sí se sabe con certeza que el cosmonauta pronunció desde la nave Vostok 1 fue: «Veo la tierra… ¡Qué belleza!». Palabras que complementaría tras su regreso, al escribir: “Vi lo hermoso que es nuestro planeta. Gente, ¡preservemos e incrementemos esta belleza, no la destruyamos!”

La Biblia dice: “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera”(Gn 1:31). A menudo, la imagen que se tiene de Dios se aproxima más a palabras como severidad y castigo que a bondad, belleza y generosidad. Sin embargo, contradictoriamente, todos compartimos la apreciación del ya fallecido cosmonauta Yuri Gagarin sobre la tierra; quien, por cierto, era hijo de una mujer sumamente creyente y siempre demostró mucho respeto hacia la fe cristiana, celebrando tanto Navidad como pascua a pesar de su generalizado entorno ateo. Lo cierto es que, al juzgar a Dios, se utiliza una vara de medir muy distinta a la que se usa por regla general. La norma suele ser juzgar a una persona por lo que hace, tal como dice la Biblia: “por sus obras los conoceréis”(Mt 7:16).

Y cuando se aplica este patrón para evaluar a Dios, el juicio cambia de manera radical. Primero, porque con solo mirar a nuestro alrededor, tanto en la naturaleza y el universo como en el propio cuerpo humano, es posible descubrir a Dios sin necesidad de pruebas adicionales (Ro 1:20). Y, segundo, porque, a pesar de ser los principales responsables del deterioro de todo lo bello que él creó, lo que él más estima es la relación con nosotros. Él ha puesto todo su empeño en recobrar el vínculo que un día destruimos. Jesucristo es la evidencia concluyente, de la bondad y el infinito amor de un Dios que en nada ha cambiado desde que creara ese hermoso globo azul, que tanto asombró al primer ser humano que pudo contemplarlo desde el espacio exterior. Vuélvete hoy a tu creador (Os 12:6). Restaura tu relación con él. Cree en Jesucristo (Ro 6:23). Soy Carl, hasta siempre.