De eso se trata
Si has leído todo el libro de Ezequiel, entonces apreciarás el contraste entre el inicio y el final. En el primer capítulo el profeta contempló la visión de la gloria de Dios que paulatinamente fue desapareciendo de la ciudad de Jerusalén, para abandonarla finalmente en el décimo capítulo y no regresar sino hasta su restauración en el milenio como se expresa en capítulo cuarenta y tres.