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Aerobicos del Alma

¿Qué haría Jesús?

todaydiciembre 22, 2022 188

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Un corazón agradecido aprende a ver a través de los ojos de Jesús, eso implica ser un verdadero discípulo, caminar tras las pisadas del Maestro, sentir como Él siente, responder a la necesidad del otro como Él respondería.

La pregunta clave ante cualquier circunstancia sería: ¿Qué haría Jesús? ¿Estoy dispuesto a hacer eso mismo, a responder o a reaccionar de la misma manera?

Lucas, el evangelista, el médico, nos relata una historia que sucedió en Nazaret. Jesús es el protagonista –Jesús siempre debe ser el protagonista–. El Hijo de Dios regresó en el poder del Espíritu a Galilea y a su paso sucedían prodigios y milagros, y dice el relato bíblico que su fama se extendía por toda la región.

Lo que muchos no saben es que Jesús volvió en el poder del Espíritu porque antes de eso había pasado por el desierto. El desierto es eso que no nos agrada, la prueba, la dificultad, el palo en la rueda cuando todo iba bien, la tragedia inesperada, el momento difícil. No nos gusta el desierto, pero es necesario pasar por él.

El desierto nos fortalece, nos enseña a depender más de Dios y menos de nosotros mismos. El desierto aumenta la fe, nos muestra nuestra capacidad de aguante. Los tiempos difíciles desarrollan nuestra creatividad. En los momentos duros nos reinventamos. Esa es la razón por la que el propósito final de la prueba es ayudarnos, nos destruirnos. Del desierto salimos fortalecidos.

Dice el texto bíblico, en el capítulo cuatro del Evangelio de Lucas, que Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto por cuarenta días, y era tentado por el diablo. Jesús venció con el poder de la Palabra de Dios, a cada tentación respondió: “Escrito está”.

Pero volvamos a la historia que nos relata Lucas. Dice que Jesús volvió a Nazaret donde había sido criado, y en el día de reposo entró a la sinagoga y –conforme a su costumbre—se levantó a leer. El texto que leyó era del profeta Isaías (700 años antes de Jesús). Él comienza con estas maravillosas y poderosas palabras: “El Espíritu del Señor está sobre mí”.

Jesús dice, Dios el Padre me ha enviado a predicar las buenas noticias a los pobres, a sanar a los quebrantados de corazón, a pregonar libertad a los cautivos y a darle vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos. Y resume todo esto diciendo que vino a predicar el año agradable del Señor (Lucas 4:17-19).

A eso vino Jesús, a dar testimonio de la verdad, a liberarnos de la esclavitud de la mentira. Vino a darnos vista, visión, esperanza. Jesús llega con buenas noticias (el evangelio de salvación) en medio de un mundo atestado de malas noticias. Jesús viene a sanar los corazones lastimados. Jesús viene a decirnos que ahora es el tiempo del cambio.

Jesús trae una palabra de esperanza, de misericordia, de mano extendida. No es cierto que todo está perdido, con Cristo puedes comenzar de nuevo. Con Él, las puertas que estaban cerradas ahora se abren.

La Biblia, en Hebreos 12:2, nos recuerda que debemos “poner los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe”. Nos invita a correr con paciencia la carrera, confiando en el Hijo de Dios que murió por nosotros en la cruz. Mirando a aquel que es poderoso para salvarnos.

Pero hay algo más, una vez hemos experimentado la gracia, la misericordia, el amor de Dios, ahora nos invita a hacer los mismo. Lo que hemos recibido de gracia debemos darlo de la misma manera, de gracia. Jesús nos llama a ser sus embajadores, sus testigos. Y nos dice que cuando hacemos algo por alguien, cuando tenemos compasión, cuando somos solidarios, entonces lo estamos haciendo por Él.

Es por eso que mirar con los ojos de Jesús es mirar con compasión. Esa es la razón por la que el Hijo de Dios se encarnó, la razón por la que Jesús fue a la cruz, se identificó con nosotros, tuvo compasión.

Mirar con los ojos de Jesús es mirar sin prejuicios, sin ponerle etiquetas a la gente. Es mirar sin egoísmo, pensando en el otro y no solamente en mi beneficio.

Si queremos mirar con los ojos de Jesús, debemos mirar sin soberbia, ese sentimiento de superioridad frente a los demás que provoca un trato distante hacia ellos. El soberbio cree que el mundo es de él y que los demás viven en renta. El soberbio no tiende puentes, los rompe. El soberbio vive aislado en su propio mundo, en sus propios intereses.

Y, por último, mirar con los ojos de Jesús implica mirar con amor. El amor se sacrifica por el del lado. El amor piensa en el otro. Porque de tal manera amó Dios al mundo que envió a su Hijo a morir en la cruz, para que el que en Él crea no se pierda, sino que tenga vida eternal (Juan 3:16).

Si quieres mirar como Jesús, debes romper con las barreras económicas, religiosas y étnicas. En esta parte de Canadá vivimos en una sociedad multicultural en la que tenemos la oportunidad de pregonar las buenas noticias, el evangelio de salvación.

Carlos Pulgarin (16)

Carlos Pulgarin es pastor y periodista. Dejó su natal Colombia hace más de 20 años y se radicó en Canadá, país en el que ha trabajado como plantador de iglesias con la Canadian Baptist Convention. En el 2012 inició el ministerio Zona Cero Baptist Ministries, una iglesia hispana plantada en Surrey, BC (Canadá), en la que se desempeñó como pastor por 10 años.
En la actualidad, vive en Red Deer, AB (Canadá). Mientras toma un tiempo sabático, se dedica a escribir y a entablar puentes con la comunidad.

El pastor Carlos escribe desde hace 15 años en el periódico hispano Sin Fronteras News, espacio que ha sido usado por Dios para tocar la vida de muchos lectores. Carlos está casado con la doctora Ana Esther Guerrero y es padre de Jacob (25 años) y Aarón (20 años). Toda la familia está sirviendo en el ministerio.

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Escrito por Carlos Pulgarin

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