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La opinión que vale

todayfebrero 16, 2025 39

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“… llaga de lepra es, y el sacerdote le reconocerá, y le declarará inmundo.” – Levítico 13:3
“… el sacerdote declarará limpio al que tenía la llaga, y será limpio.” – Levítico 13:17
 
    Mientras Dios estableció leyes precisas e inequívocas acerca de la impureza ceremonial de la lepra, también dejó en claro quién era el responsable por dar la opinión final acerca de la limpieza o la impureza del individuo que la poseía. El sacerdote es mencionado cincuenta y dos veces en el capítulo trece de Levítico. No hay lugar a dudas acerca del rol que tenía el mismo como representante divino para que cualquiera del pueblo obtuviera de él una opinión final y definitiva sobre la condición de su llaga. No importaba cómo se sintiera, qué es lo que veía, cómo le parecía que estaba la llaga o cualquier otra valoración de la misma, positiva o negativa; no era el individuo quien estaba capacitado para dar esa opinión. Sólo el sacerdote, su dictamen era el único valedero y confiable.
    Debemos dar gracias a Dios que esto es exactamente lo que ocurre con nuestras vidas y nuestros pecados y conciencias. Es únicamente el juicio de Cristo el que establece nuestra limpieza o suciedad, nuestra salvación o condenación. El es el “misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo.” (Heb. 2:17). Ningún hombre, no importa su investidura, podrá jamás establecer judicial y prácticamente nuestra condenación o justificación. Esta verdad valiosa que la escritura presenta reiteradas veces y de maneras diferentes, directas o indirectas,  es una bendición y es una advertencia. Una bendición porque nos exime del razonamiento y el juicio del hombre, y es una advertencia porque es imposible de pasar por alto el escrutador ojo divino. Si soy justificado, no importa si me siento leproso o inmundo, “el gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios,” (Heb. 4:14) es quien ha firmado el contrato. Pero si soy inmundo y leproso, ninguna almohada de plumas, ni la mejor sombra a la orilla de un río podrá disfrazar mi conciencia como persona justificada ante “los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.” (Heb. 4:13).
    En última instancia yo tendré que dar cuenta ante Dios, y tú tendrás que dar cuenta ante Dios. En vista de semejante e ineludible acontecimiento, es menester que lo que pese sobre mi conciencia y la mantenga alerta, no sean las opiniones o el juicio humano, sino la verdad de Dios y la opinión de Jesucristo, y que sea su palabra la que juzgue de manera permanente mi conducta en cada jornada y conserve y sustente la certeza de la justificación por la fe. El es quien declara limpio o inmundo al pecador. ¡Gloria a Dios, la salvación es de Jehová!
 
¡Dios te bendiga!
 
© Copyright Ricardo Daglio – 2013

Ricardo Daglio (269)

Ricardo estuvo pastoreando por 16 años en Salto, Uruguay. Desde el 2008 pastorea la Iglesia Bíblica de Villa Regina (UCB) en Villa Regina, Río Negro, Argentina. Está casado con Silvina y tienen tres hijos: Carolina, Lucas y Micaela. Se graduó en el Instituto Bíblico de la Unión de Centros Bíblicos, Argentina; continuó y finalizó su capacitación en el Instituto Integridad y Sabiduría y ahora está cursando su Maestría en Ministerio Bíblico (MMB) en The Master's Seminary.

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Escrito por Ricardo Daglio

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