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SE LAS TRAGÓ LA TIERRA

Carl Arne Horstran 07/03/2021

[PODCAST]

Sucedió de repente. Un enorme agujero, literalmente, se tragó dos viviendas unifamiliares. Era día lunes, alrededor de las 7.30 horas de la mañana, cuando el servicio de emergencias de Pasco, en el centro-oeste de Florida, Estados Unidos, recibió una llamada de socorro de un vecino de esa localidad, alertando sobre un socavón que se había producido de manera súbita, bajo una lancha estacionada en el exterior de una casa unifamiliar cercana a la suya. “Minutos más tarde”, precisó, “mientras observaba la envergadura de la depresión, oí un fuerte ruido y ví como el agujero se ensanchaba, engullendo buena parte de la vivienda ubicada dentro de la misma finca”. Al cabo de aproximadamente una hora, según el mismo informador, la vivienda colindante fue también tragada por el socavón, que alcanzó los nada despreciables 61 metros de diámetro. El servicio local de bomberos, al comprobar la inestabilidad del terreno, se vió obligado a desalojar otras 11 viviendas en las inmediaciones. Por fortuna, a pesar del susto y las pérdidas materiales, no hubo daños personales que lamentar ese día. El caso es que, la vivienda bajo la cual se inició la depresión, había sido estabilizada con inyecciones de hormigón pocos años antes de este dramático suceso.

A lo largo de los siguientes meses, tuvieron lugar una serie de fenómenos similares en la misma zona, llegando a reportarse más de 400 socavones de diferentes tamaños. “Mi casa se está cayendo” señalaba un vecino. “Oigo el crujido y miro fuera y hay un enorme agujero delante, que ayer no estaba allí”. A raíz de estos acontecimientos, la zona ha sido bautizada con el nombre de “el callejón de los socavones”. Según los expertos no existe una solución real a este problema, ya que inyectar hormigón no es más que un pequeño parche temporal sobre una herida mucho más profunda, relacionada con la composición del terreno, que, en ciertas áreas de esa región de Florida, por lo general, no es nada apropiada para la edificación. Lo que sucede es que, en EEUU, al igual que en otros muchos países, la legislación no obliga a las empresas constructoras a realizar comprobaciones de seguridad del suelo previas a iniciar obras de construcción, a no ser que se trate de hospitales, edificios públicos o centros comerciales.

El lugar sobre el cual se asienta un edificio determinará su grado de seguridad. Así también nuestras vidas. Incluso la persona más despreocupada, sabe que no todos los días el sol alumbra la existencia humana. Hay vientos, tormentas y, a veces, incluso violentos huracanes y hasta terremotos que sacuden con fuerza nuestros mundos particulares, que, de no estar asentados sobre terreno firme, terminarán por desmoronarse en el momento menos pensado. Dinero, trabajo, proyectos, posesiones materiales, amistades, salud, cuestiones que todos apreciamos y necesitamos en esta vida, y que, sin embargo, no constituyen más que la parte visible de una casa que mañana, sin previo aviso, podría ser engullida bajo el propio subsuelo que la sostiene, por no poseer la firmeza necesaria para soportar una vida. Arena no, roca sí.

Jesús dijo: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”. Él nunca prometió una vida fácil, pero sí nos ofreció una sólida base sobre la cual asentarla. Pon tu confianza en Jesús y establece tu vida sobre él; es la única manera de obtener completa y continua seguridad. Soy Carl, hasta siempre.