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¡AYÚDAME!

Carl Arne Horstran 06/17/2021

[PODCAST]

Se cuenta la historia de un hombre de nombre Miguel, quien, inspeccionando sus campos anegados por la subida de las aguas del río cercano debido a las intensas lluvias de otoño, de repente, sintió como el terreno cedió bajo sus pies, haciendo que cayera al río. Y siendo arrastrado por la intensa corriente de agua le fue imposible regresar a la orilla. Tras luchar durante largos minutos por su vida quedó tan extenuado que llegó a pensar que sería el fin de sus días; cuando, inesperadamente, se topó con unas ramas flotando en el agua a las que pudo asirse. Tras recuperar fuerzas, levantó su voz y comenzó a clamar, una y otra vez, “Señor, ayúdame. Sácame de aquí”. En esas estaba cuando un hombre que pasaba por el lugar le arrojó una cuerda señalando que se aferrara al extremo para poder arrastrarlo hasta la orilla: “No se preocupe” grito Miguel. “El Señor me salvará”. Mientras seguía sujetándose a aquellas ramas, clamando por la ayuda de Dios, un helicóptero de salvamento que estaba por la zona en misión de rescate, se percató de su situación, arrojándole un arnés a fin de subirlo y llevarle a un lugar seguro. Miguel levantó la mirada y gritó a sus rescatadores que acudieran en auxilio de alguna otra persona. “Yo he pedido a Dios”, les dijo “y él me salvará”. Y así fue rechazando una y otra ayuda hasta que finalmente las ramas que lo sostenían cedieron y Miguel, ya sin fuerzas, fue arrastrado por la corriente y se ahogó. Cuando llegó ante el creador, le recriminó duramente a este por no haber acudido en su ayuda, a lo que el Señor le respondió: “Pero Miguel, te envié a un hombre con una cuerda para sacarte de ahí, a un vecino en bote y hasta a un helicóptero de rescate y tú los rechazaste a todos”.

Este relato es tan ficticio como ridículo, ya que nadie, en tales circunstancias, se negaría a recibir la ayuda que cualquiera le pudiera ofrecer para salvar su vida. Aun así, creo que ilustra bastante bien la incongruencia de la que en ocasiones hacemos gala como seres humanos. Me refiero a que muchas veces se oye a gente protestar por la aparente indiferencia de Dios, ante los hechos que tienen lugar en el mundo, rechazando al mismo tiempo la posibilidad de su existencia. Tras una de las más severas catástrofes naturales que asoló los Estadios Unidos de América, durante una entrevista, un periodista criticó la fe de su interlocutora, por creer en un Dios que, según él, no fue capaz de intervenir para evitar tal desastre. “Piénselo”, contesto ella “nuestra sociedad moderna, al igual que la mayoría de su gente, ha excluido a Dios de sus vidas, y sin embargo, por otro lado, cuando suceden tragedias como está, todas las quejas van dirigidas hacia él”.

La Biblia dice: “Acuérdate de tu creador… antes que vengan los días malos y digas: no tengo en ellos contentamiento……….. Ecl 12:1 y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio” Ecl 12:7.

Puedes tener muchas interrogantes acerca de Dios, pero hay algo que quisiera que se grabase en tu corazón en este día: Dios está tan lejos o tan cerca nuestro como nosotros le permitamos estar. En lo que de él depende, se acercó a nosotros salvando la brecha de nuestra arrogancia y rechazo, al enviar a su amado Hijo a este mundo. Y no lo hizo con fines condenatorios o recriminatorios, como muchos piensan, sino, exclusivamente, con un deseo reconciliatorio.

Acepta hoy la ayuda que Dios te da. Jesucristo es la cuerda, el bote, el salvavidas que todos necesitamos aquí y ahora, quien nos rescata de todo aquello desea arruinar nuestra existencia. Vuélvete hoy a él para abrirle tu corazón. Soy Carl, hasta siempre.