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El amor incomparable de Dios I Dr. Charles Stanley
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Navegando por la tensión del anhelo y la rendición Radio Stereo Resurrección
Lectura: Lucas 21:1-4 (LBLA)
Levantando Jesús la vista, vio a los ricos que echaban sus ofrendas en el arca del tesoro. Vio también a una viuda pobre que echaba allí dos pequeñas monedas de cobre; y dijo: «En verdad les digo, que esta viuda tan pobre echó más que todos ellos; porque todos ellos echaron en la ofrenda de lo que les sobra, pero ella, de su pobreza, echó todo lo que tenía para vivir». www.lbla.com
El contraste es evidente, luego de advertir a sus discípulos sobre aquellos que usan la fe en Dios como un medio para aprovecharse de los demás, y de observar a los ricos hacer alarde de sus jugosas ofrendas en el Templo, Jesús nos hace mirar a una humilde viuda.
Los ricos hacían evidentes sus ofrendas, para que la gente los viera y admirara. Esa sería su recompensa, momentánea y vana al extremo. Ellos no ofrendan a Dios, ofrendan para ser vistos, para los demás
¿Cuánto dio? Dos monedas, de escaso valor, casi nada en realidad. Aquel que viera su ofrenda la consideraría insignificante. Y más si la comparara con las sumas que ofrendaban los demás.
Pero Jesús nos hace mirarla, y la pone como ejemplo para nosotros. ¿Por qué?
Porque la ofrenda de la viuda es sacrificada y esforzada. Es una ofrenda que nace del amor. Es una ofrenda dirigida a Dios.
La viuda no ofrendó para ser vista, no ofrendó lo que le sobraba, sino por amor.
Esa pequeña ofrenda se hace enorme porque la motivación de ella es honrar a Dios y no buscar la honra de la gente.
El Señor ve eso, y se complace en ver este gesto cargado de amor.
¿Acaso el Creador de todo necesita de nuestro dinero? ¿Podemos nosotros impresionarlo a Él de alguna manera? ¿No es Él dueño de todo?
El Señor no se complace en la cantidad de lo que damos, de lo que hacemos sino en ver que lo mínimo que demos o hagamos esté lleno de amor hacia Él.
Los hijos de Dios sabemos que todo es del Señor, y por eso, de lo mucho que recibimos, damos. La generosidad es un distintivo de los creyentes. No es eso lo que está en discusión aquí. Sino el hecho de que sepamos que Dios no mira otra cosa que no sea nuestro corazón, nuestras motivaciones.
Porque le amamos, nos gozamos en complacerle, de la manera en que podamos.
PARA PENSAR: En todo lo que hacemos, en todo lo que damos, ¿es la motivación de nuestros corazones honrar a Dios y glorificarle?
Sebastián Winkler. Discípulo de Jesús, esposo de Karina y papá de Julia y Emilia. Profesor de Lengua y Literatura. Estudia la diplomatura en Biblia y Teología en el Instituo de Expositores de Argentina. Sirve en la Iglesia Bíblica Lincoln; colabora en Soldados de Jesucristo y es el autor del blog: engraciaysabiduria.com
Escrito por Sebastian Winkler
Con Gisel y Geidel Ortiz
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Con el Pastor Salvador Dellutri
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