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Radio Stereo Resurrección La Misionera del Aire - NICARAGUA
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2 Corintios 6:3-6 Radio Stereo Resurrección
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¿Es usted lo suficientemente bueno? Radio Stereo Resurrección
Una pequeña narración de la vida de Pedro
Era un día normal aquel, nada según nuestro entender podría cambiar la rutina diaria en la vida de un pescador. Sin embargo, una voz suave y cautivadora menciono nuestros nombres. Al voltear estaba frente a nosotros uno llamado Jesús; ya habíamos oído de él, pero nunca pensamos conocerle cara a cara.
Sin vacilar, cambio el rumbo de nuestras vidas en un abrir y cerrar de ojos. Nos miró fijamente y nos dijo “Síganme”. Podíamos decir que no, pero su voz, seguridad y ternura nos decía que valía la pena dejar aquello que nos era conocido, por seguir lo desconocido. Nos llamó, nos cautivó, todo cambio aquel día. Nunca imaginamos cuánto.
La aventura comenzó al lado de Aquel que llamaban Nazareno, poco a poco entendimos que era un maestro, un maestro con un mensaje diferente, un maestro con un mensaje transformado, un maestro que nos comenzó a enseñar las mismas Escrituras que tanto atesorábamos de una forma diferente. Un maestro que nos abrió los ojos, a tal grado que entendimos que mucho de lo que considerábamos sublime era basura.
Recuerdo el día aquel cuando dejo de ser el maestro para convertirse en alguien más importante de lo que suponíamos. Eran unas bodas en Canaán y habíamos sido invitados. Nunca pensamos que iba a pasar ese día, pero sucedió. Después de una desesperada necesidad al acabarse el vino, se ha cercaba la pena misma para el organizador, pero la madre de Jesús le insistió para que hiciera algo al respecto. Allí nos mostró su gloria convirtiendo el agua en vino. Ese día comprendimos que era más que un maestro.
Así comenzó, una etapa diferente del llamado a la orilla del mar. Pronto nos vimos de cerca con Juan el Bautista, quien le describiría como “El Cordero que quita los pecados del mundo” El gran profeta Juan nos había metido ahora en otra dimensión, este hombre hablaba con una sabiduría única, hacia milagros, pero ahora sabemos además que perdona pecados. Nos asustábamos más cada vez que íbamos descifrando a aquel que habíamos seguido.
Comenzamos los viajes por toda Galilea, caminando de un lugar para otro, en caminos, en barca, predicando en las sinagogas, frente a la mar. A cada ciudad que visitamos, nos mostraba su amor y compasión por los demás; le importaba el dolor de la gente, sus dolencias, el hambre de pan que muchos tenían, pero sobre todo el abre de justicia, el hambre de esperanza, el hambre de salvación.
Pronto, nos instruyó en los asuntos del reino de los cielos, de la vida eterna, de la necesidad que teníamos de predicar la Palabra de Dios y de su amor. Así nos embarcó, en aquella maravillosa aventura de ir a los pueblos a predicar, nos dio autoridad para echar fuera demonios, para sanar a los enfermos, para bendecir con su mensaje, para liberar a los cautivos. Que experiencia más grandiosa fue aquella cuando él mostro su poder a través de nosotros.
No paso mucho tiempo, cuando entendimos que era más de lo que pensábamos. Recuerdo el día, cuando caminó sobre las agua, ese día nos dimos cuenta que era Dios. Como olvidar cuando alimento a los cinco mil y a los cuatro mil. Como olvidar las muchas veces que levanto a los inválidos, cuando sano a los ciegos, cuando libero a los encadenados por Satanás. Como olvidarlo.
Recuerdo el día que nos mencionó que le era necesario morir por los pecados del mundo. Aunque estábamos acostumbrados a sus enseñanzas por parábolas, era bastante difícil entender de qué se trataba, pero una cosa si era común en nosotros: Nos resistíamos a la idea de que El muriera y sobre todo de la forma que nos lo describía.
Llegamos a Jerusalén y el celo lo consumió al ver como los mercaderes habían convertido la casa de oración en un negocio. Su valentía en confrontarlos era notoria, así como el valor y autoridad que siempre mostro al enfrentar a los Sacerdotes, Fariseos y Saduceos. Nunca estuvo de acuerdo en participar en la mentira e hipocresía de estos, siempre los acuso, a tal grado que estos querían matarle y siempre lo perseguía para acusarlo en alguna falta.
También recuerdo, como buscaba a los rechazados, a los publicanos, recaudadores de impuestos. A Zaqueo lo miro montado en un árbol, lo llamo y enseguida estábamos sentados a la mesa de aquel a quien todos detestaban, menos Jesús. Hay como olvidar a la mujer que los principales querían apedrear. Siempre tenía palabras correctas que podían apaciguar hasta al más celoso observador, su capacidad descansaba en hacerles ver que eran iguales o peores. Lo hacía pero con que sabiduría.
Llego el día en que nos mandó marchas a Jerusalén, nos dijo a qué iba, porque le era necesario morir, lo quisimos estorbar pero era imposible. Marchamos y en camino mostro otro de sus grandes milagros a levantar de los muertos a uno llamado Lázaro. Días después, ante nuestra admiración, comíamos frente a frente con ese hombre que miles dieron testimonio de tener cuatro días de muerto. Allí estaban sus hermanas Marta y María, en Betania, en la casa de un tal Simón. Marchamos de allí, nos mandó ir en busca de un pollino, preparar el aposento alto, donde compartiríamos el ultimo alimento juntos.
Nunca pensamos, sinceramente, que aquel a quien habían recibido como Rey, ahora este siendo torturado, todos hemos corrido, lo hemos negado, abandonado, todos sin excepción. Tal vez la fidelidad que le prometimos no era tan grande, o tal vez éramos unos cobardes que necesitaban aprender. Allí estaba El, lastimado, sufriendo por nuestros pecados, allí estaba sangrando, pero de pie llevando una cruz. Allí estaba, los principales lo habían juzgado por venganza, Pilato lo había entregado por miedo, los demás lo lastimaban por obediencia y otros más lo ofendían por ignorancia. Se a como fuera, allí estaba marchando hacia el monte de la Calavera, desplegando la muestra mas grande de amor para con los hombres. Allí estaba, pero en el fondo sabía que era yo quien debería de estar allí.
Allí estaba El, lastimado, sufriendo por nuestros pecados, allí estaba sangrando, pero de pie llevando una cruz. Allí estaba, los principales lo habían juzgado por venganza, Pilato lo había entregado por miedo, los demás lo lastimaban por obediencia y otros más lo ofendían por ignorancia. Se a como fuera, allí estaba marchando hacia el monte de la Calavera, desplegando la muestra mas grande de amor para con los hombres. Allí estaba, pero en el fondo sabía que era yo quien debería de estar allí.
Lo que paso después no lo mire, tuve que preguntar con el rostro a tierra y lágrimas en el rostro, por vergüenza o por dolor. Dicen que lo clavaron en una cruz, que el día se oscureció, que tembló, que oro por lo que lo ofendían, que le prometió vida eterna a uno de los malhechores que fueron crucificados con El. Me lo contaron, pero no lo podía soportar, no estuve pero el dolor en las mujeres que nos informaron nos metió en el dolor, no estuvimos, y la vergüenza del no haber estado hizo el dolor algo mayor.
Oh, qué difícil han sido este día, reunidos todos. Ya paso el sábado, las mujeres marchas a cumplir con la costumbre, marchan a la tumba para embalsamar el cuerpo de Jesús, marchan al cambio mismo de la historia. Jesús no está, locamente nos llegaron a avisar, algunos de nosotros entre ellos Pedro, corrió hasta el sepulcro, no estaba. Por cuarenta días, se nos apareció, lo miramos, tocamos, comimos con El, nos dio mandamientos, nos comisionó a compartir el Evangelio a todo el mundo. La historia no había terminado, apenas empezaba.
AQUÍ ESTOY PREDICANDO DEL VICTORIOSO JESUS. SIENDO HOY UN PECADOR DE HOMBRES. AQUÍ ESTOY, RUMBO A LA PATRIA CELESTIAL. ACA ESTOY Y NO ME ARREPIENTO.
Jaime Blandón es oriundo de Nicaragua, misionero plantador de iglesias. Casado con Jacqueline Guzmán, con quien a procreado dos hijos: Jaimeline (12) James (11).
Actualmente se desempeña como Director de 516 Now Inc. Posee una licenciatura en Estudios Bíblicos del Rio Grande Bible Institute, MBA en Dirección y Administración de Empresas con énfasis en desarrollo de Proyectos del EUDE . Master en Ministerio Pastoral del Midwestern Baptist Theological Seminary.
Es uno de los fundadores de Radio Stereo Resurrección.
Escrito por Jaime Blandón Olivera
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