¿A César o a Dios?
Entonces Jesús les dijo: «Pues den a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios». Y no podían sorprender a Jesús en palabra alguna delante del pueblo; y maravillados de Su respuesta, se callaron.
Entonces Jesús les dijo: «Pues den a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios». Y no podían sorprender a Jesús en palabra alguna delante del pueblo; y maravillados de Su respuesta, se callaron.
La piedra que desecharon los edificadores Ha venido a ser cabeza del ángulo? Todo el que cayere sobre aquella piedra, será quebrantado; mas sobre quien ella cayere, le desmenuzará.
y le dijeron: «Dinos, ¿con qué autoridad haces estas cosas, o quién te dio esta autoridad?». Jesús les respondió: «Yo también les haré una pregunta; quiero que me digan: El bautismo de Juan, ¿era del cielo o de los hombres?».
El contraste son los escribas, fariseos y prominentes, que no pueden reconocer esta autoridad, porque no pueden reconocer su identidad como el Mesías.
Y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no conociste el tiempo de tu visitación.
«¡Bendito el Rey que viene en el nombre del Señor ! ¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!». Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: «Maestro, reprende a Tus discípulos». Pero Él respondió: «Les digo que si estos se callan, las piedras clamarán».
Y sucedió que al regresar él, después de haber recibido el reino, mandó llamar a su presencia a aquellos siervos a los cuales había dado el dinero, para saber lo que habían ganado negociando. Y se presentó el primero, diciendo: «Señor, tu mina ha producido diez minas más». Y él le dijo: «Bien hecho, buen siervo, puesto que has sido fiel en lo muy poco, ten autoridad sobre diez ciudades».
Nunca debe dejar de sorprendernos la manera en la que una simple mirada, una simple palabra de Jesús tiene el poder de transformar nuestras vidas.
Es precioso ver cómo Jesús, al oír el llamado de este hombre, hace una pausa en su camino. Antes de entrar en Jericó, en medio de su caminar al encuentro de su destino, Jesús mira a este pobre y sufriente desvalido. Y oye su pedido. Y lo sana. Una breve pausa, pero que cambió para siempre el destino de este hombre.