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Aerobicos del Alma

Tu fe sin obras está muerta

todayfebrero 7, 2023 90

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A veces queriendo ser muy espirituales, hemos olvidado el componente social del evangelio. Predicamos mucho, pero aplicamos poco. Se nos ha olvidado extender la mano para ayudar al necesitado, al que sufre. Perdemos la perspectiva de Jesús quien mostró compasión por el dolor ajeno.

No falta quien se moleste un poco –y es bueno que así sea—y me diga: “Pastor, pero es que la parte central del evangelio es traer almas a los pies de Cristo, es presentar las buenas nuevas para que los perdidos alcancen salvación”. Mi respuesta es un rotundo sí. Pero debemos proclamar el evangelio al tiempo que extendemos la mano amiga. Es importante hacer lo primero sin dejar de hacer lo segundo.

No en vano Jesús nos dijo que somos la luz y la sal de la tierra. Al encargarnos la gran comisión, el trabajo de llevar el evangelio hasta lo último de la tierra nos recordó que somos testigos de su gloria. Y nos nombró embajadores, representantes de su reino.

Dios nos hizo un llamado personal –y colectivo como iglesia—para que seamos las manos de Jesús, para que seamos los pies que llevan esperanza a nuevas tierras. El mensaje del evangelio es libertador, es la verdad que rompe cadenas y trae paz al corazón atormentado.

El evangelio es la voz que proclama libertad a los cautivos, el toque sanador que da vista a los ciegos. Nosotros, la iglesia, somos la mano amiga que toca con el amor de Dios y levanta a los quebrantados de corazón. Tú y yo hemos sido llamados a predicar el año agradable del Señor.

Pero si tu hermano tiene hambre y tú, haciendo gala de tu espiritualidad ‘externa’, le dices voy a orar por ti, pero no le das nada de comer. Estás pisoteando el mensaje que proclamas. Es necesario hacer las dos cosas. Ora por él, pero dale un bocado de lo que Dios te ha provisto a ti. Que tu evangelio sea práctico y no gaseoso, etéreo. Rompe con el molde de la religión.

Santiago en su epístola dice: “Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma” (Santiago 2:15-17).

Santiago no está diciendo que las obras tienen mérito de salvación, pues alguien que haya leído y meditado la Biblia sabe que la salvación es un regalo de Dios. Somos salvos por gracia. El pago lo hizo Jesús en la cruz. El apóstol Pablo enfatiza que no es por obras “para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9). Es Jesucristo el camino al cielo.

¿Qué es lo que está diciendo entonces Santiago? Está diciendo que la verdadera fe que salva produce obras. Que, como resultado de poner tu fe en Cristo, como resultado de tu salvación, ahora reflejas el rostro del Maestro en tus obras. Somos su voz, sus manos, sus pies.

Santiago está diciendo, si tu fe es genuina muéstramelo con tu compasión, con tu sensibilidad social, con tu solidaridad con tu prójimo. Si eres salvo, debes ser un buen embajador, y un buen embajador de Cristo comienza por ser un buen papá o mamá, un buen amigo, un buen vecino.

Hablando de lo que hacemos por los necesitados de este mundo, Jesús dijo: “Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; fui forastero, y me dieron alojamiento; necesité ropa, y me vistieron; estuve enfermo, y me atendieron; estuve en la cárcel, y me visitaron” (Mateo 25:35-36).

Y aquellos que, con sus buenas obras, pusieron su fe en práctica responderán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, o sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos como forastero y te dimos alojamiento, o necesitado de ropa y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y te visitamos?” (Mateo 25:37-39).

Me toca el corazón, la respuesta de Jesús: “Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, lo hicieron por mí”.

Jesús tiene compasión por el necesitado, él trae consuelo al que sufre. ¿Hacemos tu y yo lo mismo? Quiero invitarte a ser solidario en tu fe. Solidario con la familia de la iglesia, pero también solidario con tu prójimo en general. ¿Y quién es mi prójimo? Mi familia, el vecino, un amigo, el compañero de trabajo, el que está a tu lado. En esto se resume toda la Escritura: Ama a tu prójimo como a ti mismo. Bendiciones.

Carlos Pulgarin (16)

Carlos Pulgarin es pastor y periodista. Dejó su natal Colombia hace más de 20 años y se radicó en Canadá, país en el que ha trabajado como plantador de iglesias con la Canadian Baptist Convention. En el 2012 inició el ministerio Zona Cero Baptist Ministries, una iglesia hispana plantada en Surrey, BC (Canadá), en la que se desempeñó como pastor por 10 años.
En la actualidad, vive en Red Deer, AB (Canadá). Mientras toma un tiempo sabático, se dedica a escribir y a entablar puentes con la comunidad.

El pastor Carlos escribe desde hace 15 años en el periódico hispano Sin Fronteras News, espacio que ha sido usado por Dios para tocar la vida de muchos lectores. Carlos está casado con la doctora Ana Esther Guerrero y es padre de Jacob (25 años) y Aarón (20 años). Toda la familia está sirviendo en el ministerio.

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Escrito por Carlos Pulgarin

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