Sobre la Roca
Si escuchamos la voz de Jesús y no la ponemos por obra somos como el necio que construye sobre la arena. Ser sabio, y construir sobre la roca, es obedecer al Señor.
Si escuchamos la voz de Jesús y no la ponemos por obra somos como el necio que construye sobre la arena. Ser sabio, y construir sobre la roca, es obedecer al Señor.
Jesús nos hace mirar hacia dentro, hacia la interioridad. Hacia lo que en verdad necesita ser transformado.
Vivir como todo el mundo es fácil, devolver el bien que recibimos es fácil. Pero ¿Cómo reaccionamos ante el que nos hace mal? La respuesta, el ejemplo, es Jesús, el bondadoso con los ingratos y perversos (ahí entramos todos nosotros).
Los perseguidos y rechazados por seguir a Cristo. Estos son los bienaventurados, porque no son de aquí, son ciudadanos de un Reino Eterno, cuyo Rey se vistió de amor por alcanzarlos.
Antes de elegir a los doce, antes de proclamar el Reino de Dios haciendo libres a todos los que se acercaban a Él, Jesús nos muestra una dependencia total del Padre, buscándolo en oración.
¿Qué importancia tienen para los escribas y fariseos las tradiciones y mandamientos con los que piensan agradar a Dios? ¿No está toda La Escritura llena de llamados del Señor a la misericordia por sobre la ritualidad vacía?
La religión, cuando no tiene puesta su mirada en Dios, cuando sólo es reducida a formalismos y tradiciones es más peligrosa que cualquier otra cosa.
El cristianismo ha sido muchas veces reducido a ritos y mandamientos humanos, pero el Señor transforma nuestros corazones, nuestro interior. Y eso cambia nuestras motivaciones, la causa por la cual hacemos las cosas, no solo lo superficial.
Jesús les dice entonces: Yo llamé a Mateo, porque he venido a llamar a aquellos que están dispuestos a reconocer su necesidad de mí. He venido a llamar a los enfermos, no a los sanos.