Cuando hay mucho en juego
Las dificultades no son una excusa para volver a la forma de liderar el mundo; es una oportunidad para que Dios sea glorificado.
Las dificultades no son una excusa para volver a la forma de liderar el mundo; es una oportunidad para que Dios sea glorificado.
Estamos familiarizados con la afirmación exclusiva de Jesús de ser el único camino a Dios (Juan 14:6) y el testimonio constante de la iglesia primitiva de que “en ningún otro se encuentra la salvación” (Hechos 4:12).
Cada uno de nosotros tiene algo que ofrecer a los demás. Lo más probable es que tu oferta no sea la misma que la de la persona que tienes a tu lado. Eso no hace que lo que traes sea menos valioso, sino que lo hace más valioso.
¿Que te inspira? ¿Qué mueve tu corazón y tu voluntad hacia nuevos niveles de compromiso y acción? Liderar como Jesús significa que nuestro liderazgo no es la implementación mecánica de una filosofía y metodología de liderazgo.
Jesús nunca pareció quedarse sin palabras. Ya sea que le hicieran una pregunta honesta, le desafiaran o respondiera a una necesidad, Él pronunció palabras de gracia y verdad. Cada respuesta surgió de la conciencia de lo que Dios estaba haciendo y de cómo podía representar mejor al Padre en ese momento.
En medio de las presiones y responsabilidades diarias de la vida, podemos sentirnos tentados a dejar que el tiempo con Dios se hunda hasta el fondo de nuestras prioridades. Los tiempos llenos de presión son cuando más necesitamos asegurarnos de escuchar y responder a las indicaciones de Dios en lugar de simplemente reaccionar a las presiones que nos rodean.
Hay momentos en los que hemos dado todo lo que humanamente podíamos dar. Nuestros cuerpos están fatigados, nuestros pensamientos parecen dar vueltas en círculos, nuestra energía y entusiasmo se evaporan.
La vida brinda oportunidades continuas para actualizar nuestra perspectiva, para realinearnos con la perspectiva de liderazgo que Dios nos ha dado, nuestra misión, visión y valores. Podría ser el nacimiento de un hijo, un nuevo trabajo, un matrimonio, pasar una página del calendario o la celebración de un logro.
Dios nos llama repetidamente a obedecer sus mandamientos. Conociéndonos como Él, conoce nuestra tentación de depender de nosotros mismos en lugar de Él, de pensar que nuestro camino es el mejor.