Aprender a depender
Antes de elegir a los doce, antes de proclamar el Reino de Dios haciendo libres a todos los que se acercaban a Él, Jesús nos muestra una dependencia total del Padre, buscándolo en oración.
Antes de elegir a los doce, antes de proclamar el Reino de Dios haciendo libres a todos los que se acercaban a Él, Jesús nos muestra una dependencia total del Padre, buscándolo en oración.
¿Qué importancia tienen para los escribas y fariseos las tradiciones y mandamientos con los que piensan agradar a Dios? ¿No está toda La Escritura llena de llamados del Señor a la misericordia por sobre la ritualidad vacía?
La religión, cuando no tiene puesta su mirada en Dios, cuando sólo es reducida a formalismos y tradiciones es más peligrosa que cualquier otra cosa.
El cristianismo ha sido muchas veces reducido a ritos y mandamientos humanos, pero el Señor transforma nuestros corazones, nuestro interior. Y eso cambia nuestras motivaciones, la causa por la cual hacemos las cosas, no solo lo superficial.
Jesús les dice entonces: Yo llamé a Mateo, porque he venido a llamar a aquellos que están dispuestos a reconocer su necesidad de mí. He venido a llamar a los enfermos, no a los sanos.
El paralítico y sus amigos han recibido el don de esa fe que salva, que permite conocer a Jesús, su misericordia y su perdón. Una fe que no vacila en abrir un techo para venir a Él. Y escuchan de los labios del Salvador las palabras más hermosas: “tus pecados te son perdonados.”
¿Cuánto amor hay en Él para acercarse y abrazar lo inmundo de la lepra, lo que nadie tocaba ni abrazaba hace años? ¿Cuánta compasión y misericordia en unas simples palabras?
Simón, Jacobo y Juan escuchan a Jesús enseñar, hasta que al finalizar les pide que vuelvan a adentrarse en el agua y arrojen las redes. ¿Qué habrá pasado por la mente de estos hombres? Ellos son pescadores experimentados, pero de todas maneras deciden (con poca expectativa) hacer lo que Jesús les pide.
Mathew Henry dice que, con Jesús, hasta un desierto se vuelve un lugar deseable.