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Cristo en el libro de Levíticos

todayabril 5, 2024 47 3

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Soy Michael Bell. Desafiándote nuevamente con el reto VCL: Versículo Cristológico por Libro. Y estamos en el libro de Levítico 1:3-4 que dice: Si su ofrenda fuere holocausto vacuno, macho sin defecto lo ofrecerá; de su voluntad lo ofrecerá a la puerta del tabernáculo de reunión delante de Jehová. Y pondrá su mano sobre la cabeza del holocausto, y será aceptado para expiación suya”.

El libro de Levítico se llama así porque es un libro de instrucciones para los levitas. Los levitas eran los sacerdotes y los ayudantes de todo lo que tiene que ver con la adoración de Dios. Ellos servían en el tabernáculo y más adelante en el templo. Si uno lee ese libro se encuentra con una multitud y una gran variedad de leyes. Leyes tocantes a holocaustos, a ofrendas de paz, a libaciones, a ofrendas de granos mezclados con aceite, de instrucciones con respecto a las tres fiestas anuales, de cómo hacer esto y de cómo hacer lo otro.

Uno se agobia por la complejidad. Pero ¿Por qué es tan compleja la Adoración del Señor? ¿por qué tan complejo este sistema? Bueno, resulta que sólo de esta manera creo yo, pudo Dios comunicarnos a nosotros la gran complejidad de nuestra redención en el Señor Jesucristo. Un solo rito, un solo sacrificio, es apenas una foto o un pequeño cuadro de la manera en que Cristo nos redime de esto y de aquello y de cuanto más.

Es como si te mostrara yo una foto de repente de una montaña o de una llanura o de una playa o un desierto. Y tú dirás Ah, bueno, estos son diferentes países, pero resulta que no, que son fotos de un país, ya sea la Argentina, Brasil o de Canadá, pero toda esa variedad de fotos pertenece al mismo país. De igual manera, las fotos que vemos en Levítico, todas y cada una, pertenece a esa bellísima redención que tenemos el señor Jesucristo.

En este caso, estamos viendo el Holocausto específicamente, que es una foto de la redención del Señor Jesucristo, una muy, muy importante. Empieza con el adorador escogiendo un macho sin defecto que ofrecerá al Señor. No puede ser una perniquebrada. No puede ser una con manchas, tiene que ser cien por ciento perfecta. ¿Por qué? Porque Jesucristo es así, Él es perfecto, nunca pecó contra Dios.

Después, trayendo esa víctima, la lleva a la puerta del Tabernáculo para su encuentro con el Señor. Nosotros no podemos tratar de llegar a Dios con manos vacías. No podemos llegar a Dios, con un familiar o con un héroe o un profeta. No, Porque todos tenemos defectos, todos hemos pecado, todos somos rebeldes. Hemos sido rebeldes contra Dios. En algún momento, el único que podemos llevar hacia el tabernáculo con nosotros es cargando a Jesús. Es el único que será aceptado y que hace posible que nosotros seamos aceptados también.

El paso tres es bien interesantes: y pondrá su mano sobre la cabeza del Holocausto. Así, traspasando sus pecados, sus malos pensamientos, todo lo malo que ha hecho. Las iniquidades son traspasadas, como si pasaran por el brazo del adorador y cayeran encima de la víctima que va a ser entonces degollada. Bien Interesante. Porque eso es lo que pasa cuando nosotros creemos en Jesucristo, cuando ponemos nuestra fe en él, en un arrepentimiento.

Dice Isaías 53:4-5: “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. 5Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados”.

Sin embargo, nosotros no tenemos un altar. No tenemos un tabernáculo, un templo, entonces ¿Cómo es que vamos nosotros a traspasar nuestros pecados a Jesús?, La única manera es por encontrarle a él en la cruz. Debemos tener ese punto de encuentro con el señor Jesús y tiene que ser en la cruz. Por eso dice Pablo en Gálatas 2:20: “Con Cristo estoy juntamente crucificado”, esto es como si él se hubiese subido a esa cruz para ser crucificado con el señor Jesús. “Y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí y lo que ahora vivo en la carne lo vivo en la fe del hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”.

Ahora tal vez pensaríamos, hago eso y entonces vivo mi vida aparte. Absolutamente no. Jesucristo mismo dice en Lucas 9:23: “Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame”. Es decir, ser crucificado con Cristo a diario, crucificando el yo para que él viva a través de nosotros. Bien dijo Jesús: “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará” (Mt 16:26)

Como vamos viendo, Cristo está en cada página de la Biblia. Entonces, ¿No debería estar en cada página de nuestras vidas también?

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Escrito por Michael Bell

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