Los valores del Reino
El que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe a aquel que me envió; porque el que es más pequeño entre todos vosotros, ese es grande.
El que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe a aquel que me envió; porque el que es más pequeño entre todos vosotros, ese es grande.
Mientras todos se maravillaban de todas las cosas que hacía, Jesús dijo a sus discípulos: Haced que estas palabras penetren en vuestros oídos, porque el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres.
Y una voz salió de la nube, que decía: Este es mi Hijo, mi Escogido; a Él oíd.
Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá, pero el que pierda su vida por causa de mí, ese la salvará.
Y tomando los cinco panes y los dos peces, levantando los ojos al cielo, los bendijo, y los partió, y los iba dando a los discípulos para que los sirvieran a la gente. Todos comieron y se saciaron.
Entonces Herodes dijo: A Juan yo lo hice decapitar; ¿Quién es, entonces, este de quien oigo tales cosas? Y procuraba verle.
Y dondequiera que no os recibieren, salid de aquella ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos. Y saliendo, pasaban por todas las aldeas, anunciando el evangelio y sanando por todas partes.
Él dijo: No lloréis, porque no ha muerto, sino que duerme. Y se burlaban de Él, sabiendo que ella había muerto. Pero Él, tomándola de la mano, clamó, diciendo: ¡Niña, levántate!
Vuelve a tu casa, y cuenta cuán grandes cosas Dios ha hecho por ti. Y él se fue, proclamando por toda la ciudad cuán grandes cosas Jesús había hecho por él.