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La grandeza de Jesús

Escrito por el 04/12/2022

Lectura: Lucas 9:37-45 (LBLA)

Y aconteció que al día siguiente, cuando bajaron del monte, una gran multitud le salió al encuentro. Y he aquí, un hombre de la multitud gritó, diciendo: Maestro, te suplico que veas a mi hijo, pues es el único que tengo, y sucede que un espíritu se apodera de él, y de repente da gritos, y el espíritu le hace caer con convulsiones, echando espumarajos; y magullándole, a duras penas se aparta de él. Entonces rogué a tus discípulos que lo echaran fuera, y no pudieron. Respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros y os he de soportar? Trae acá a tu hijo. Cuando este se acercaba, el demonio lo derribó y lo hizo caer con convulsiones. Pero Jesús reprendió al espíritu inmundo, y sanó al muchacho y se lo devolvió a su padre. Y todos estaban admirados de la grandeza de Dios. Mientras todos se maravillaban de todas las cosas que hacía, Jesús dijo a sus discípulos: Haced que estas palabras penetren en vuestros oídos, porque el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres. Pero ellos no entendían estas palabras, y les estaban veladas para que no las comprendieran; y temían preguntarle acerca de ellas. www.lbla.com

Justo después de descender del Monte de la transfiguración Jesús y sus discípulos se encuentran con una escena rayando en lo caótico.

Un joven poseído por un demonio y los discípulos que no pueden liberarlo. Nadie sabe qué hacer o cómo reaccionar.

El Señor reprende al demonio, y libera al joven de su sufrimiento.

Podríamos meditar en muchos aspectos de este pasaje, pero te invito a hacerlo en uno que me resulta particularmente significativo.

El contraste entre la reacción de la gente y las palabras de Jesús.

Mientras la multitud se asombra y maravilla por el milagro que acaban de ver. Mientras ellos ven la grandeza de Dios en semejante liberación.

Sus ojos y corazones aún no alcanzan a ver la verdadera grandeza.

Esa grandeza está en el anuncio de Jesús.

Él les pide que estas palabras penetren sus oídos.

El Hijo del Hombre vino a mostrar su grandeza de una manera inimaginable.

Sufriendo por nosotros, entregándose por nosotros, convirtiéndose en un sacrificio, por amor a nosotros.

Esa es la muestra más gloriosa de la grandeza de Dios

 

PARA PENSAR: ¿Meditamos cada día en la grandeza del Evangelio? ¿O nos quedamos con una visión corta de la grandeza de Dios, enfocándonos en cuestiones secundarias?

 

Sebastian Winkler (139)

Sebastián Winkler. Discípulo de Jesús, esposo de Karina y papá de Julia y Emilia. Profesor de Lengua y Literatura. Miembro de la Iglesia Evangélica Bautista de General Pinto, donde sirve como maestro de Estudios Bíblicos.

El es el autor del blog: engraciaysabiduria.com


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