¿Quién es este?
¿Cómo nos relacionamos con Jesús? ¿Distantes y autosuficientes como el fariseo, o buscando acercarnos a Jesús en busca de gracia como la mujer?
¿Cómo nos relacionamos con Jesús? ¿Distantes y autosuficientes como el fariseo, o buscando acercarnos a Jesús en busca de gracia como la mujer?
Los verdaderamente bienaventurados son los que forman parte del Reino de Dios, a los que se les ha permitido conocer quién es este Jesús, cuyo camino Juan ha preparado, llamando al arrepentimiento verdadero.
Jesús es Dios hecho carne. Jesús es el único que puede hacer lo que para nosotros es simplemente imposible. Jesús es.
Qué Jesús nos alcance y nos encuentre es, esencialmente, recibir vida. Eso es el Evangelio, que los perdidos tengamos rumbo, que los menospreciados tengamos valor, que los injustos seamos perdonados.
Y en eso confía y deposita su fe este centurión. En quién es Jesús, en Su poder y Su autoridad. Maravillosa fe, que merece el reconocimiento de Jesús.
Si escuchamos la voz de Jesús y no la ponemos por obra somos como el necio que construye sobre la arena. Ser sabio, y construir sobre la roca, es obedecer al Señor.
Jesús nos hace mirar hacia dentro, hacia la interioridad. Hacia lo que en verdad necesita ser transformado.
Vivir como todo el mundo es fácil, devolver el bien que recibimos es fácil. Pero ¿Cómo reaccionamos ante el que nos hace mal? La respuesta, el ejemplo, es Jesús, el bondadoso con los ingratos y perversos (ahí entramos todos nosotros).
Los perseguidos y rechazados por seguir a Cristo. Estos son los bienaventurados, porque no son de aquí, son ciudadanos de un Reino Eterno, cuyo Rey se vistió de amor por alcanzarlos.