Manos abajo
¿Qué llevas en tus manos hoy? ¿Pecado no confesado? ¿Preocuparse? ¿Presión implacable o enfermedad? Cuando nos aferramos a estas cosas, nos agobian, nublan nuestro pensamiento y, lo que es más importante, mantienen nuestro mundo centrado en nosotros mismos en lugar de en Jesús.