Controlando nuestra lengua
Para iniciar una guerra o matar no se necesitan armas directamente, tan solo es necesario alguien dispuesto a dañar la imagen que Dios ha puesto en otro con sus propias palabras.
Para iniciar una guerra o matar no se necesitan armas directamente, tan solo es necesario alguien dispuesto a dañar la imagen que Dios ha puesto en otro con sus propias palabras.
Todos los mandamientos de la ley que tienen que ver con amar al prójimo están relacionados con mandatos expresos sobre asuntos externos en primera instancia, pero este es el único mandamiento que se refiere no algo externo sino a las dinámicas del corazón. Si bien es cierto que nuestros pensamientos están involucrados en cada violación de la ley, este mandato hace un énfasis directo sobre ellos y nuestros deseos.
La fe es una convicción, algo que creemos acerca de Dios, su plan y la manera en que eso se revela en nosotros. Una persona puede tener esa convicción profundamente arraigada en su mente, sin embargo, no tener ni la más mínima evidencia de que realmente ha sido alcanzado por Dios.
Como ves, la mayoría de personas que cree que irá a la eternidad está convencida que su salvaguarda es haber guardado al menos dos mandamientos de la ley de Dios. El problema con eso, es que según los estándares de Dios, si alguien deseara ser salvo por guardar la ley moral de Dios tendría que guardarlos todos sin excepción, porque si quebranta al menos uno solo de los mandamientos, incluso […]
Como vemos, la esencia de este mandato es no usar la transgresión de la verdad para no hacer daño a nuestro semejante. De modo que por extensión, todo aquello que con mis palabras atente contra la imagen o el buen nombre de mi prójimo cae en esta categoría de pecados. Por esto es que el chisme y la murmuración son igualmente pecados tan abominables como este expresamente sancionado aquí.
«QUE EL ADULTERIO NO SOLO ES LA CONSUMACIÓN FÍSICA DE LA INFIDELIDAD CONYUGAL, SINO EL DESEO LUJURIOSO POR UNA PERSONA AJENA AL MATRIMONIO».
Cuando Cristo murió en la cruz, no murió por gente pudiente, lo hizo por todos aquellos que vino a salvar. En su ministerio incluso, el Señor Nunca hizo acepción de personas, entonces ¿quiénes nos creemos nosotros para pensar qué hay personas con mayores privilegios que otras?
Dios nos ha dado un llamado y debemos llevarlo a cabo en la medida que amamos y servimos a otros y guardamos fidelidad a Dios de cualquiera cosa que pudiera apartarnos de él.
Pero en el caso de este versículo en particular, Santiago dice que una lengua descontrolada es la evidencia de una religión falsa. No importa cuanta piedad externa pueda exhibir y a persona, si el fruto de sus labios es el pecado, la mentira, el engaño, la contienda o la queja, esa religión es solo parte del repertorio, pero no algo real.